Alejandra Bedoya

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El secreto, lo inaccesible a la razón, lo destinado sólo al conocimiento
de los iniciados, de alguna manera lo incomprensible que existe y no puede desentrañarse.
Es ésta una parcial descripción del misterio, citado como argumento
y explicación, parte del dogma, por la doctrina religiosa.
Gozoso: alegre, placentero; en sentido figurado, 'llamarada de la lumbre'.

¿Cómo reunir en un solo sentido la severidad y enorme carga del 'misterio' , con la explosión vital y la sensualidad de lo 'gozoso'? ¿Cómo aproximarse
a MISTERIOS GOZOSOS, y además, ilustrarlos, si en sí misma la frase
parece albergar una contradicción también inexplicable?

Alejandra Bedoya, aventurera gozosa y desprejuiciada, propone recrear el mundo exclusivo
de ellos, mostrar los escenarios, los personajes, los detalles reveladores y las
construcciones ilusorias que, cada vez más, se vuelven realidades incontrastables.
El método ha sido tomar, recortados o seccionados, los elementos que le interesan
o encuentra operativos para el propósito, manipulándolos y re-ubicándolos
en su mundo. Mundo virtual, digitalizado y primorosamente trabajado que, a la vez, lleva la imaginación hasta el umbral de la religiosidad, la devoción,
la fervorosa entrega confiada a los poderes intrínsecos de las imágenes,
sin dejar de despertar sorpresa y provocar sonrisas, no siempre comprendidas.
Cielos delicadamente nubosos, helechos esplendorosos, manos que componen cuerpos,
dedos como aspas que evocan rayos maravillosos, anatomías híbridas
que eluden lo esperpéntico y que, pudiendo ser engendros, siempre se vuelven
seres confiables, encuentros absurdos, composiciones inesperadas e imposibles que fuerzan la convicción de su veracidad, mundos construídos por
la magia tecnológica y fijados a modo de impresiones reales, contundentes.

Delicada ironía y desopilante humor, receta audaz elaborada con precisión
y agudeza.

Alejandra Bedoya utiliza con maestría, fotografía y composición digital. Su trabajo es una nueva forma de collage, técnica que alcanza, precisamente por las posibilidades tecnológicas, una nueva dimensión
en su efecto final. Imágenes que acuden a una infinita serie de tonalidades
oscilantes entre blanco y negro, logrando pintar todos los colores sólo valiéndose de todos los grises posibles.

El de Alejandra Bedoya es un mundo donde la metáfora se sirve constantemente de la ironía, sea para comentar la propia experiencia, sea para subrayar la norma aceptada o
el prejuicio prevaleciente, o para aludir a la paradoja de parámetros inservibles.

Mundo habitado por un humor tornadizo, listo para alcanzar las fronteras del
absurdo y traspasarlas con un espíritu burlón , crítico aunque amable, divertido sin frivolidad, decidido a explorar realidades pero también
dispuesto a ensanchar el campo de la imaginación.

Nada se presenta gratuito.
Aún en la proximidad del disparate, en el tono de apariencia
leve, en la ambigüedad y el desparpajo, está el espejo de ese mundo
conocido y padecido, que es el nuestro de todos los días.

Lima, julio
2003


Elida Román