Claudia Bardasano

e-mail: claudiabardasano@hotmail.com

 




La obra de Claudia Bardasano es una apertura al Infinito. Su pintura diseña caligrafías espirituales, gestos absolutos, enérgicos trazados de la mano, que expresan el movimiento del Espíritu. Su propuesta cabalga hacia La Nada en el sentido en que lo definió la filosofía Zen: la nada es el lleno invisible e inexplicable del Ser donde todo se asienta. La Nada es la esencia. "Llevar la Nada en el corazón equivale a llevar Todo" dice una máxima Zen. En estas obras hay una poética "sin recargamientos. sobria, simple, minimal, en el que se conjugan dos polos de una Unidad: Lleno-Vacío; Positivo-Negativo ;
Masculino-Femenio. Desde esta plataforma, Bardasano crea una pintura despojada de narración y de figuras.

La realidad circundante ha sido substituida por ritmos, energías, dinamismos, contornos, de líneas, colores y trazos, que se expanden sobre el espacio vacío. En las telas dominan las marcas espontáneas y únicas de trazos gestuales y danzantes. A la manera de caligrafías japonesas o chinas, estos se expanden como ejes fundamentales de un imaginario poema visual o haiku. Líneas y vacío se interrelacionan en armónicos acordes. Es una poética de la simplicidad fundamental de las esencias de la vida.
Claudia Bardasano crea cada obra en un estado de unidad interna y una actitud de entrega al Espíritu. En un estado casi meditativo, alejado de intelectualismos racionales y de obligaciones
academicistas, deja fluir sus emociones internas para que estas dejen sus marcas únicas sobre la tela. Sin interferir sobre el proceso creativo, deja al descubierto cada instante cósmico del Ser interior expresado mediante el fluir libre de la energía. La obra se transforma en un ejercicio espiritual y de auto-descubrimiento,
revelando las estructuras invisibles de lo real, tal como lo seria la Ceremonia del Té y sus profundos y sutiles significados.
Estas obras son espejos cósmicos que expresan la sutilidad y la serenidad de los ritmos universales del Cosmos. En la misma tradición de Robert Motherwell, Sam Francis, Brice Marden o Mark Tobey , quienes utilizaron la caligrafía zen, simple y nat-ural, para abordar sus obras, Bardasano, abre un nuevo capitulo.
La artista enfatiza el "dripping", los salpicados. los chorreados azarosos, los trazos sueltos, que se dibujan según el "accidente" cósmico del momento y son irrepetibles e incorregibles. Es lo que Hasegawa llamaba el "accidente controlado" o la espontaneidad disciplinada. La obra muestra pocos colores: el rojo como vitalidad fundamental o alusión a la vida; el negro simbolizando la oscuridad, y el blanco del fondo, la pureza cuasi mística del Vacío. Con estos tres polos cromáticos, las telas dibujan ideogramas del Universo.
La obra Destiny disena dos ejes verticales, dos entidades abstractas interconectando el cielo y la tierra. Son dos magníficos trazados que se unen brevemente en el medio, aludiendo a la unidad de los opuestos, ya la condición indisociable de todos los fenómenos. En la serie Thoughts I y II,
domina una horma de hierro sobre el lienzo, metaforizando las constricciones humanas. En la obra #1 el rojo se desborda en el afuera de este marco; en la # II gotas de diferentes tamaños y diseños quedan dentro; solo una, grande y contundente, queda fuera de la horma, aludiendo a condición de la libertad y la autonomía.
Claudia Bardasano, con sus obras, ofrece espacios ontológicos donde cada espectador podrá espejar sus propios ritmos internos y universales; y desde el silencio secreto de su Ser podrá descubrir su propia sintonía cósmica.
Milagros Bello, Ph.D. Miami-based art critic.