Williams Carmona



 




Arte Latinamericano
Sotheby¿s
Nueva York, 3 de junio 1999

WILLIAMS CARMONA (N. 1967)

Nacido en Pinar del Río, Cuba, en 1967, Williams Carmona cursó estudios en el Instituto Superior de Arte (ISA). Al igual que otros artistas cubanos de su generación, Carmona abandonó la isla con la intención de explorar la libertad artística disponible fuera de su tierra natal. Desde 1991, Carmona ha vivido y trabajado como artista en Puerto Rico. Contrario al estilo expresionista y a la gran escala de sus primeros trabajos, sus obras más recientes muestran la madurez del artista y cómo su trabajo ha desarrollado un sólo estilo; uno que Carmona categoriza como Realismo Tropical. Este nuevo estilo, más íntimo en escala y en tema, es representado por la solidificación de las pinceladas y por el uso específico de cierta iconografía. En 1996, el artista fue reconocido invitándosele a presentar una exhibición de sus obras en el Museo de las Américas en San Juan, Puerto Rico. Ese mismo año, Carmona también fue invitado a participar en la exhibición de obras maestras Latinoamericanas, Latin ViewPoints, que se llevó a cabo en el Nassau County Museum of Art, Long Island, Nueva York.

Edward J. Sullivan, crítico de arte de Nueva York

El ambiente artístico en Cuba del cual Williams Carmona emergió, ha probado ser uno de los más innovadores e influenciales en el mundo occidental de hoy en día. Carmona recibió su educación en la Academia de San Alejandro (una de las más antiguas academias de arte oficialmente reconocidas en el mundo occidental, fundada en 1818) y en el Instituto Superior de Arte (ISA). Participó en el surgimiento de la generación de artistas quienes, durante la década de 1980, crearon su propia revolución en el mundo de arte cubano. Aunque algunos de los llamados ¿artistas de la década de 1970¿ como José Bedia y Juan Francisco Elso, fueron claves en la apertura de la visión de las generaciones más jóvenes de su país a muchas de las innovaciones que tomaban lugar en el extranjero, y compartieron con ellos sus propias visiones mezclándolas con aspectos artísticos tradicionales (los cuales derivaban en ocasiones de elementos Afro-Cubanos), los pintores, escultores, fotógrafos y artistas conceptuales, quienes se desarrollaron a mediados de 1980, eran aún más audaces en el aspecto visual activo de sus obras. La experimentación y los temas políticos que definían el trabajo de artistas como Sandra Ramos, Tania Bruguera, Tonel, Carlos Garaicoa, Los Carpinteros, Tomás Esson, Kcho y otro número de artistas, eran a menudo criticados en círculos oficiales, pero aún así, en muchos casos, tolerados en un curioso movimiento de distensión entre el mundo cultural y político. Aunque la temática de las pinturas que Carmona realizó en Cuba, antes de su partida a Puerto Rico en 1992, no era abiertamente política como la de sus contemporáneos, existían sutiles ironías presentes en sus trabajos que lograban transmitir un mensaje claro a todos aquellos que eran lo suficientemente sensibles como para percibirlo.

Inevitablemente, el cometido político de la obra de Carmona se ha desarrollado y madurado en los úlitmos años. Manteniéndose fiel a la técnica de la pintura en la cual Carmona sobresale (su uso recurrente de sensuales superficies gruesas de pintura o de lavados de gris o café con los cuales crea paisajes evocativos y desolados, son sumamente impresionantes), el artista ha profundizado y refinado sus valores tanto intelectuales como emocionales, empleando un vocabulario cuidadosamente seleccionado de imágenes visuales que sirven para representar el uso de su lenguaje personal de símbolos y señales. Aquellas personas que han seguido la trayectoria del desarrollo de la obra de Carmona han podido presenciar un artista quien ha dejado su marca desde sus inicios utilizando un acercamiento a la pintura expresionista, cargada de emociones, logrando así alcanzar efectos inmediatos de naturaleza perturbante. Las obras que Carmona exhibió en Santo Domingo en 1994 eran volubles, provocadoras, logrando causar una serie de emociones diferentes en el espectador. Al estudiar sus obras de finales de 1980 y principios de 1990, se puede percibir un vínculo visual con las imágenes de mujeres de Willem De Kooning de 1950 y 1960. Pero aún más relevante es la semejanza con el salvajismo feroz del arte de la pintora cubana Antonia Eiriz. Eiriz, quien falleció recientemente, es reconocida en Cuba como una de las grandes voces en el drama de la etapa temprana de la revolución cubana, aunque su trabajo no es reconocido con frecuencia en el resto del mundo. Ella tuvo (y continúa teniendo) un impacto de gran magnitud en la sensibilidad de muchos artistas jóvenes. Eventualmente, Carmona escuchó los tonos estridentes del lenguaje artístico de Eiriz y le impactó el índole dramático de sus imágenes. Aún más, al referirse al trabajo expresionista de Carmona de principios de 1990, es importante comprender el frenesí emocional que sugieren sus pinturas como componente en un diálogo latinoamericano de formas expresivas que incluían figuras de artistas argentinos ¿Neo figurativos¿ (particularmente de Jorge de la Vega), así como del venezolano Jacobo Borges. Carmona apropió y reinventó estas características esenciales, acomodándolas a un esquema adecuado que permitiera expresar los traumas inherentes a la agonía de la vida en Cuba durante finales de 1980 y principios de 1990.

Inevitablemente retrocediendo de los altos¿casi neo-barrocos¿dramas de sus primeras pinturas, Carmona comenzó a simplificar sus imágenes, aplicando cada vez menos elementos y cuestionando el sentido innato de cada uno de los símbolos que utilizaba una y otra vez en sus obras. Una serie de signos y emblemas comenzaron a emerger. La imagen de la anciana (la abuela), la del anciano (muchas veces pescando), la Virgen de la Caridad del Cobre (patrona de Cuba) fueron las figuras que comenzaron a habitar los dramas silenciosos de Carmona. Adicionalmente, ciertos elementos se hicieron característicos en sus pinturas: nubes, mesas, cañas de pescar, sartenes y, aún más sorprendente en sus obras más recientes, huevos.

Lo primero que impacta al espectador de la obra más reciente de Carmona es su diálogo, que ha madurado y ha confrontado elementos clásicos del surrealismo. Al observar una pintura como lo es Lo que sembré en Macondo (con sus referencias literarias al pueblo fantástico de García Márquez), nos damos cuenta de la astucia del artista al repetir algunos elementos claves de Salvador Dalí, los huevos blandos en su obra, por ejemplo tienen una relación inevitable con los relojes derretidos de Dalí en Persistencia de Memoria, mientras que los fondos desolados e inanimados de muchas de sus obras, como en Apaga que se acabó, sugieren el abandono y la descubierta superficie de los páramos de las pinturas de Yves Tanguy. Carmona parece cuestionar la absurdidad de la vida contemporánea al utilizar algunos elementos visuales de índole existencialista que fueron originarios de los surrealistas.

En sus obras más recientes, una mesa con un trapo y casi nada más, aparece una y otra vez. ¿Será que tendremos que imaginarnos un banquete que no tiene nada que ofrecer a sus invitados, que simboliza el vacío del deseo y el hambre? Los elementos comestibles que aparecen son magros: un pescado, un huevo. ¿Será que el huevo se refiere al proverbial huevo dorado o sencillamente a la humilde cena preparada por la siempre presente anciana, quien parece habitar en el espacio ocaso entre la sabiduría y la senilidad? Nubes (a menudo como las blancas, moldeadas nubes del Caribe) que pareciera surgen de la nada, como aquellas extrañas y escalofriantes nubes que cubren la luna en Un Chien Andalou de Buñuel, que asimilan explosiones de algodón que es más probable nos aparezcan en un sueño congestionado que como un fenómeno meteorológico.

En declaraciones acerca de sus obras, Carmona ha dicho muchas veces que el arte y la política están inextricablemente mezclados. Aunque nunca percibimos agresividad política en sus obras, el espectro de opresión política y amenaza física raramente están ausentes. Cuando la Virgen de la Caridad del Cobre desciende, baja a la tierra a proteger la frágil distensión entre las fuerzas de ideologías opuestas que pueden estallar, en cualquier momento, en violencia. Obviamente, la presencia de la Virgen presta un motivo específicamente cubano a las imágenes de Carmona, efectivamente mostrando que Carmona no intenta esconder la esencia cubana de sus obras. Pero no debemos dejarnos caer en la trampa de considerar su arte como un simple comentario de una sitación en particular. Carmona es un artista quien, en sus astutos comentarios de situaciones humanas, ha dejado mucho que decir de la condición humana en un dominio mucho más amplio.

Edward J. Sullivan