Carola Bravo

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"Una tierra plena de leche y miel, la más bella de todas las tierras" se afirma en el libro de Ezequiel: una frase que se construye en el gran motor de Tierra prometida, de Carola Bravo, galardonada con el premio Iván Petrovzky, gracias a una propuesta que conjuga el concepto y poesía alrededor de dos círculos de mármol blanco, ubicados en el piso y dibujados, con gran sutileza, con los mapas de los hemisferios terrestres. Ellos sirven de soporte o pantalla para la proyección de dos videos. Desde el techo, dibujan continuamente, y al mismo tiempo metamorfosean imágenes y metáforas de la leche y de la miel. La artista, que había venido trabajando el tema de los mapas, de las cartografías como espacios ilusorios y , no obstante motivo para la expresión de conceptos territoriales ha mantenido siempre un sentido referencial y un enfoque conceptual. Descansa en la ilusión del espacio y en la línea que bordea, configura y delimita la idea de una trama esencial en su obra: el yo real y su ubicación en un espacio, en un territorio que establece vínculos y conexiones entre los elementos puestos en relación: el arquitectónico, el geográfico y el poético que ,en esta obra, tal vez, alcanza un clímax al ofrecernos la imagen de la más bella de todas las tierras, una tierra de leche y de miel, en la cual todas las distancias y referencias se borren para crear un solo espacio. Una buena y espaciosa tierra donde el ser se encuentra concentrado en la visión infinita de la leche y de la miel, conjugando un universo imaginario. Pero real por poético y fluctuante.

José Napoleón Oropeza
Presidente del Ateneo de Valencia.
Salón Nacional de arte Arturo Michelena- Ateneo de Valencia-Venezuela.


Las instalaciones de Carola Bravo, sus cartografías imprecisas, se nutren de todas las posibilidades de la representación espacial. Proponen al que las experimenta recorriéndolas, contemplándolas, penetrándolas, pensar su propio estar situado, su propio estar orientado, su propia relación con el espacio y con su cuerpo; lo que equivale a decir, si permanecemos fieles a nuestras conjeturas iniciales, su propia relación con su memoria y con sus deseos o, lo que es lo mismo, según creo, con su capacidad de prospección y de retrospección, de evocación y de proyección, de experimentar nostalgias y de aventurar utopías.

Al proponernos cartografías fracturadas de espacios discontinuos; al crear mapas de territorios y de materiales yuxtapuestos; al poner en escena coincidencias fragmentarias de fenómenos geológicos (ver en la veta del mármol, por ejemplo, la premonición de los meandros de un río, o de las huellas de un deslave, como Chema Madoz, por ejemplo, ve en un muro desconchado la premonición de un mapamundi); Carola Bravo nos invita a pensar en la imprecisión de nuestra experiencia de los espacios que recorremos cotidianamente, en la ambigüedad de nuestra propia consciencia de permanencia, de localización, de pertenencia a determinados territorios; nos invita a pensar, también, en lo impredecible de ciertos recorridos, en lo inconmensurable de ciertas dimensiones.

Tal vez por eso, entre los trozos de mármol y los planos y cortes de territorios que son también cortezas y bordes de mar, costas o crestas, ha tendido esos hilos de acero que organizan retículas o, mejor, haces, que parecen soportar lo insoportado, lo insoportable. De alguna manera, esas guayas metálicas, esos alambres tensos, reproducen la geometría maravillosa de los portulanos antiguos, con sus trazados de vías marítimas, sus rumbos de vientos, en los que la línea recta parece exorcizar en el papel los inconvenientes y los peligros de los viajes azarosos a los que servían de guía. Está claro, lo sé, que las instalaciones de Carola Bravo no pretende guiarnos a ninguna parte; no son, en ese sentido, periplos, derroteros; son cartas de marear, sí, imprecisas; cartas que pueden marearnos en su provocada y provocadora imprecisión. Cartas de marear que invitan, sin duda, a la navegación y que son ellas mismas el lugar y la ocasión de ese navegar, pues son a la vez cartografía y puesta en escena del espacio que convocan al tiempo que, performativamente, actualizan, como si nos fuera dado penetrar en un mapa y habitarlo, como se habita una habitación, o un escenario.

Uno podría decir, pues, que las cartografías de Carola Bravo son grandes mapas desplegados en profundidad, como si la carta geográfica de un territorio adquiriese una dimensión adicional a las del plano. Son mapas para ser actuados. En este sentido es que quería proponerles entender estas cartografías escenificadas, como teatros del territorio: escenas donde el espacio hace espacio a su propia representación; una representación que no está dada de antemano sino que se activa en cada puesta; es decir, en cada nuevo recorrido que alguien emprende sobre sus tablas.

Rafael Castillo Zapata
Escritor e investigador
Centro de Estudios Latinoamericanos-Celarg-Caracas-Venezuela

El centro de las reflexiones de Carola Bravo lo constituye la creación de nuevos tejidos que permiten reconstruir la noción de ciudad. Ello recoge un punto de interrogación sobre las clásicas definiciones de lo urbano y el advenimiento de un nuevo sistema de estructuras más abiertas, flexibles y disociadas para su representación. Sus obras se van formando mediante la superposición de planos donde lo aleatorio permite incorporar infinitas lecturas en el recorrido de una ciudad. Sus obras reformulan la cartografía convencional y propone un extraño e inquietante trazado urbano que se caracteriza por sus múltiples perspectivas de ingreso. El resultado es una ciudad diferente, compuesta por varias ciudades y varios discursos: el topográfico, el arquitectónico, el poético y la memoria. Es una ciudad imposible y renovada, enmarcada dentro de las posibilidades de producir nuevos mapas o imágenes mentales del entorno. Es un trabajo que activa al ojo y la memoria, que circula entre diferentes niveles con la clara convicción de introducir en el espectador la inquietud por relacionarse con su entorno utilizando nuevos paradigmas de percepción.
María Luz Cárdenas
Crítico de arte.
Directora del Museo de Bellas Artes de Caracas.

Diríamos que Bravo es heredera de la vocación de Claudio Perna por el uso de la cartografía como recurso expresivo. Ella crea mapas imaginarios, para insistir en la idea de la "trama" como centro de las relaciones vitales del todo. (lo humano y lo no humano); de allí el universalismo de su mensaje; su formación de arquitecto la ha sensibilizado para la representación topográfica, y la inserción de lo urbano en este contexto. Sus mapas son imaginarios, subjetivos, pero se alimentan de lo real.
Elías Castro.
Investigador de arte.

Carola Bravo levanta una cartografía del crecimiento urbano y estructura el trabajo a partir de una reflexión sobre el trabajo humano ante la naturaleza libre. En este caso inscribe un particular interés en el crecimiento de la ciudad de Caracas y su paisaje, para lo cual investiga y recopila los planos que demuestran variaciones de crecimiento de la ciudad. El resultado es una ciudad que fragmenta y superpone diferentes capas de significado.
María Luz Cárdenas
Crítico de arte.

Carola Bravo desarrolla una propuesta que reconcilia los pretendidos opuestos conformados por el paisaje natural y el paisaje urbano, conduciéndonos desde el naturalismo hasta la abstracción conceptual la artista termina ofreciéndonos una representación diseccionada , contradictoria y profundamente intelectualizada del paisaje.
Adolfo Wilson
Crítico de arte.

Mirada y poder de comunicación, mirada y mecanismos de la misma, mirada y procesos, mirada tecnológica y ojo humano en la obra de Carola Bravo. Carola Bravo hace impresiones, en las que el ojo, la fotografía o más exactamente la mirada a través del lente, el periódico, el encuadre, lo macro y el detalle, examinan la vida humana.
Juan Carlos Palenzuela.
Crítico de arte.

Carola Bravo asume esa necesidad de memoriar y reseñar nuestro cotidiano, se detiene para recordar, para observar. su propuesta conjuga la racionalidad del arquitecto con la pasión del explorador, del artista...y del soñador.
Zhelma Portillo
Investigadora de arte.


Dibujo tridimensional que ocupa y reinventa el espacio humano a través de lo fragmentado, lo sólido, lo sereno y lo abierto; formulando nuevas perspectivas. El factor de desplazamiento es importante en este trabajo. Las placas de mármol son triángulos largos, esferas medianas o rectángulos enormes que son interrumpidas repentinamente para a la poca distancia continuar. Así es como la diferencia en planos es activa, su prolongación es marcada o dibujada por líneas hechas de sombras, su idea de excavación o profundidad. Es entonces que todo parece estar apoyado por nociones de dibujo. Plano, ciudad. Dibujo y "geometría intuitiva" (Guédez), serían lo fundamental en el trabajo de instalación.

Juan Carlos Palenzuela
Crítico de arte

Dibujo y espacio son fundamentos plásticos en la resolución de la propuesta. Junto con la deliberada ausencia del color, únicamente blanco y negro. Con los verdaderos trazos (negro) las líneas-hilos en los pedazos de mármol y paredes (blanco) con una muy particular dinámica de espacio es creada lo cual conduce a una inesperada apreciación de planos bi y tridimensionales... Cartografías Imprecisas implican una intervención espacial deliberada que es resuelta por la noción del tiempo. Cinco territorios ¿ como los llamamos- que aquí son obras con nombre forman un cuerpo total que se comunica a través de líneas invisibles: se proyectan y combinan como un solo ente protegido por la magia invisible. Forman una textura que simula una tabla geográfica que necesariamente implica el ser.