Edouard Duval-Carrie

website: www.edouard-duval-carrie.com

 




Por Matt Schudel
Fort Lauderdale Sun-Sentinel

Edouard Duval-Carrie dejó Haití hace más de 25 años, pero Haití nunca lo dejó a él. En la actualidad Duval-Carrié, tras haber estudiado y vivido por todo el mundo, se encuentra radicado en Miami; no obstante, su acongojada nación caribeña sigue siendo la inspiración de su producción.
El artista no plasma los eventos cotidianos de Haití con un sentido documental, pues su obra no tiene nada que ver con las escenas simples y coloridas de la vida campesina que ha pasado a ser un elemento inconscientemente familiar durante los últimos años. Por el contrario, Duval-Carrie busca su propia memoria e imaginación para crear una cosmografía privada, derivada de la experiencia haitiana.
Las múltiples formas de su percepción están presentes en la muestra "Edouard Duval-Carrie: Endless Passage," que se realizará hasta el 7 de septiembre en el Lowe Art Museum de la Universidad de Miami. Organizada por el Phoenix Art Museum de Arizona, esta exploración a los logros de la carrera en desarrollo de Duval-Carrie es la muestra más extensa que se haya realizado de su obra hasta la fecha en el sur de Florida.
No obstante su variedad ¿hay pintura, escultura, azulejos de madera lacada, altares y relicarios modernos¿ nadie confundiría la obra de Duval-Carrie con la de otro artista. No hay nada incoherente o irónico en esta. Su objetivo es preservar el alma de Haití, sin importar cuán torturada esté. Podría llamársele fijación u obsesión, o podría ser una necesidad de expresar las añoranzas, los duelos y las esperanzas de esta pobre nación insular manchada de sangre.
Una de las obras más impresionantes en "Endless Passage" es un tríptico en la forma de un altar clásico. El panel central de Trois Feuilles (Tres hojas) muestra un trío de figuras del panteón personal de Duval-Carrie. Se levantan una sobre la otra, en sombras azules, rojas y marrones, con copiosas hojas en lugar de pelo. Los nichos cortados de la superficie del altar revelan escenas tropicales, máscaras, rostros distorsionados e imágenes de corazones. Además tienen palmeras talladas en los paneles laterales pintadas de dorado y objetos puntiagudos (¿tal vez balas?) que perforan la superficie.
(Puede que los significados precisos no siempre sean claros, pero no hay forma de equivocarse acerca del direccionamiento principal de la obra:
Duval-Carrie ha conjugado las creencias paganas del vudú haitiano (o vodou o vaudou, como a veces se escribe) con la tradición establecida del arte occidental. Como quien dice que un sistema de fe no es superior a otro, el artista ha realizado una serie de 16 conjuntos de bronce con símbolos del vudú semejantes a los cruzados de la iglesia católica. En una serie de ocho esculturas de bronce, le ha dado a los dioses del vudú la misma estatura que a los santos sobre ventanas de vidrio manchado.
Una serie monumental de cuatro pinturas que describen la indeleble maldición de la esclavitud, The Migration of the Spirits, invoca la imaginería que se encuentra en algún lugar entre la iconografía de la Biblia y la del Mago de Oz. Una elegante serie de 12 paneles lacados de piso, de 2002, The True Story of the Water Spirits, es en verdad un monumento conmemorativo a las almas perdidas en el paso intermedio.
Como el propio Haití, el arte de Duval-Carrie es una mezcla colorida de influencias europeas, africanas y caribeñas en constante desarrollo. El artista crea su propio universo de símbolos, en el que los botes pueden ser instrumentos de libertad o de condena. Una vez más muestra figuras humanas ¿a veces con cruces o con cabezas de animales reemplazando los rostros¿ que navegan hacia un destino incierto. La muerte, en forma de esqueletos disfrazados, es una compañía constante.
Ocasionalmente Duval-Carrie levanta el velo simbólico y hace que los significados sean explícitos. Su obra Incident in a Garden (1993), en la que siete figuras militares con rostros de cerdos pisan las cabezas decapitadas de los disidentes, es simple y llanamente una sentencia de la brutal milicia Tontos Macoute que aterrorizó a la nación. Mardi Gras at Fort Dimanche (1992) se refiere a la reconocida prisión en la que permaneció el hermano de Duval-Carrié en la década de 1980 detenido por subversión. En esta irreverente pintura satírica, el dictador haitiano Jean-Claude "Baby Doc" Duvalier, está vestido como una novia armada, rodeada de cómplices ¿una mujer vestida fastuosamente, un sacerdote, un oficial militar y una figura misteriosa de traje¿ todos con lentes oscuros.
Duval-Carrie es un artista poderoso con una visión original, aunque puede no ser para todos los gustos. Si lo que se quiere es elegancia, control y una habilidad certera con la mano a la hora de trabajar con el pincel, entonces la búsqueda está en el lugar equivocado. Este es un artista que desarrolla infinitas variaciones de un mismo tema ¿aunque se debe aclarar que algunas de sus obras recientes, en las que incorpora flores, hojas y frutas a la pintura, parecen tener poca relación con la política o la historia de Haití.
A un artista se le debe apreciar por lo que es, antes que por lo que no es. Y lo que hay que recordar sobre Edouard Duval-Carrie es que, sin importar cuánto tiempo haya estado ausente de su tierra natal, lleva a cuestas el alma herida de Haití en su corazón y en su arte.