Eugenio Espinoza



 




En 1972 realiza su primera muestra individual en el Museo de Bellas Artes de Caracas, cuando apenas contaba con 22 años de edad y en la cual exhibe un conjunto de 20 obras en las que ya demostraba su interés por el desarrollo de la cuadricula y la superficie.
En el mismo año presenta en la Sala del Atenéo de Caracas, El impenetrable, una parodia al maestro Soto, posiblemente la primera obra post-minimalista realizada en el país (precisamente por la introducción de la ironía en la investigación minimalista de los límites de la percepción e introduce la concepción de un espacio psicológico: los sentidos.
Luego siguen una serie de exposiciones donde se presenta continuamente la cuadrícula, no como tema recurrente de la pintura abstracta que inventaron Malevitch y Mondrian, sino como él mismo dice: "Como un objeto anónimo, como un ready-made, algo que nadie inventó, que ha existido siempre, que no tiene dueño".
Jesús Fuenmayor, 1990

EUGENIO ESPINOZA
Eugenio Espinoza pertenece a una generación formada bajo el influjo de las corrientes minimalistas y conceptuales, tan presentes durante los años terminales de los sesentas e inicios de los setentas. En Venezuela, él es uno de los pioneros dentro de esta tendencia; basta recordar obras minimalistas / conceptuales, como las lonas cuadradas sometidas a distintos estiramientos (Museo de Bellas Artes 1972) o el Impenetrable ( Ateneo de Caracas), las tarjetas postales intervenidas con cuadriculas pintadas (Galería Conkright, Caracas 1973). Obras que tiempo después formaron parte de un conjunto de experiencias y de proyectos donde la tela cuadriculada era integrada a distintos paisajes. Estas, fueron realizadas por el artista en colaboración con Claudio Perna, en distintos sitios del interior del país.
Mariana Figarella, 1988

Eugenio Espinoza.
Por varias décadas la investigación de Eugenio Espinoza se ha centrado en la cuadricula. Los trabajos de los años setentas muestran la insistencia con la que el autor desarticula este elemento hasta hacerlo protagonista de una de las piezas más contestatarias de la década: El Impenetrable, instalación que parafrasea con elegante sentido del humor los tan conocidos penetrables de Jesús Soto y llama la atención sobre los riesgos que implicaba el cinetismo erigido como pasaporte de una representación oficial, y de como es oficialidad en cierta medida minaba el camino para aquellos que no militaran en las filas de ese movimiento. Pero la cuadricula es mas que eso, Espinoza es ante todo pintor y su reto no se circunscribe a cuestionar los movimientos de la época. Su búsqueda lo traslada a aquellos momentos en que el hombre crea leyes y estructuras que le permiten representar la realidad con la mayor fidelidad posible. No obstante, Espinoza no requiere de la cuadricula para elaborar una pintura realista, él es ante todo un abstracto, por lo tanto el entramado solo lo emplea para reinterpretarlo, desdibujarlo y hacer de esa secuencia de líneas el lugar de la pintura, los empastes, las chorreaduras y también del silencio y los intersticios.

Los ochentas reflejan los primeros resultados de esas experiencias y de otras de carácter conceptual, tal es el caso de las muestras "Karakana", "Paramount pictures" y "Auto abstracción".

En los noventas ese espíritu se radicaliza en propuestas como "Orla". En una dirección menos apegada al lenguaje pictórico esta la serie "Línea blanca", donde explora las posibilidades de la alta tecnología y los objetos prefabricados dentro de una narrativa neo-conceptual.
Las obras de Espinoza significan un puente entre los postulados de la modernidad y los lenguajes de las nuevas generaciones.
Anita Tapies, 1999

Tomado del libro "Paralelos", Colección Cisneros
La construcción de Eugenio Espinoza de su obra Impenetrable en 1972 es una referencia obvia a la obra de Soto, Penetrable; no obstante, no es una oposición directa, sino un canvas sin chasis sobre el cual una cuadrícula de líneas horizontales en blanco y negro fueron impresas. El canvas fue colocado en diferentes sitios, desde galerías de museos hasta diferentes trabajos de arquitectura (con frecuencia, monumentos históricos) o paisajes, para que así pudiera adaptarse a espacios específicos en una experiencia que fuera imposible de reproducirse en otro lugar, al menos de que tuviera una modificación considerable, especialmente en términos dentro de la gama de sus posibles significados.
Ariel Jiménez - Noviembre 16, 2001

LA INVENCION DE LA CONTINUIDAD, Luis Pérez Oramas
-extracto-
¿ eran impenetrables, modestas lonas reticuladas de negro que se desconstruían inexorablemente, que se multiplicaban, se plegaban, se enrollaban como papel tapiz inédito y que Perna, en un gesto de interpretación genial de la obra de Espinoza, llevo al desierto de Coro, y la lanzo con aquel fondo absoluto de medanos intocados, con aquel fondo emblemático de "paisaje de lo nuestro", al aire ingrávido de todos; Eran formas elementales que los espectadores manipulaban a su antojo para sorprenderse con constataciones insorprendentes; eran series agonizantes de fotos en las que la figura del Avila encontraba su destino repetitivo, horadado por el tiempo de la muerte o de la perdida de la imagen; eran cuerpos cubiertos por redes de cuerdas sin rostros que a la imagen anticipatoria de los PARANGOLES de Oiticica, invadían inesperados los sitios comunes de nuestra vida citadina; eran grotescas figuras trasvertidas; eran fragmentos del cuerpo que solo podían verse como abyectos; era ella vestida de papeles higiénicos en las salas del Museo y era también Maria Leonza cubierta por cuadriculas negras en una postal soñada e imposible
TEXTO TOMADO DEL LIBRO: GEOMETRIA COMO VANGUARDIA COLECCION DEL BANCO MERCANTIL

EUGENIO ESPINOZA
La obra de Eugenio Espinoza es, sin duda, una de las propuestas más significativas dentro del panorama de las artes visuales venezolanas de las ultimas décadas, ya que se comporta como un manifiesto visual que deja entrever la plena conciencia del artista acerca de la crisis que envuelve los ámbitos de la representación artística. En este sentido, Espinoza hace reiteradas alusiones a los síntomas que dejan entrever esta crisis y a los signos visuales en que se manifiesta. En Sudario, los grandes planos verticales de filiación geométrica que cuelgan conformando un primer plano perceptivo de la obra, actúan como un velo tras el que se esconde -- o cuyos intersticios dejan ver -- un gran plano negro sobre el que se han estampado, con rodillo, series de arabescos, aludiendo a la manera como se solían decorar las paredes interiores de las viviendas populares anos atrás. El artista nos hace participes de una reflexión sobre el gusto y el "mal gusto", y las múltiples hibridaciones que en el ámbito de la visualidad contemporánea tienen lugar y que complejizan notoriamente el acercamiento critico a estas nociones.
Katherine Chacon