Jose Antonio Fernández



 







Pórtico

La escultura de José Antonio Fernández toma, se recrea y parodia la naturaleza. Lo vegetal, lo mineral y, en ocasiones, lo animal, aparece en esta obra como realismo, como adaptación de formas naturales y como celebración de la materia-forma.


Escultura figurativa, por definición, que cuando se acerca en su indagación de la naturaleza, puede llegar a síntesis propias del arte abstracto. Pero la abstracción en esta escultura no corresponde a un concepto plástico sino a una cualidad de la naturaleza, a la pureza de unas formas, a la complejidad de lo espacial.


Entre lo figurativo y lo abstracto, la naturaleza y un cierto sentido de la aventura plástica en el taller (de escultor), esta obra tiene, también y a su manera, una cualidad de experimentación, de repetición y de fabulación que la hacen plenamente inaudita.

Semillas
Semillas son obras en bronce, para tocar, para manipular, para oír el sonido de sus granos, como si fuesen unas maracas. En el acto de tomarlas en las manos, sentir su peso y las posibilidades de su sonsonete, genera una actitud no contemplativa hacia la escultura. Por alguna razón el diccionario descalifica la musicalidad del sonsonete como un ruido o sonido "generalmente molesto". Pues no. Este es optativo, posiblemente continuado, en todo caso, voluntario y nunca molesto. Es sorpresivo, es grato, en ocasiones humorístico. La obra de Fernández tiene esas cualidades: inesperada y placentera. Las Semillas son de medianos y pequeños tamaños, se toman en una mano, se siente el peso, la textura y se disfruta de su tonillo.


Las Semillas se abren con la sorpresa de las frutas o las flores. En ocasiones tenemos la reproducción de elementos de la naturaleza. Sus formas suelen tener orificios, cavidades. A veces son para armar y desarmar. En ese sentido, una vez más, lo lúdico de esta obra.


Las Semillas no tienen un lado o una fase predeterminada. Presentan capas de modo que las categorías de "interior" y "exterior" parecen caprichosas, momentáneas, transitorias.

Marinas
Si las Semillas o los Alambres son metáforas de la naturaleza, son obras de intencionalidad y evidencia figurativas, en Infinitos y Marinas, pareciera prevalecer una idea de síntesis tal que la obra deviene abstracta. Moverse libremente entre categorías que considerarían opuestas es una actitud del artista. Enfrentar la materia, el espacio y quizás el espectador podría ser una cualidad de la escultura de Fernández antes que encerrarse en jerarquías que, a la larga, reducirían su capacidad de acción.


Las Marinas exploran unas formas abiertas, expansivas, estructuradas. Las Marinas son esculturas que se colocan en el piso o adosadas a la pared. Como en toda la obra de Fernández, carece de pedestal.


Las Marinas se asocian a los corales. Así, una obra de expresión pura contiene una reminiscencia de la naturaleza. Esta es una constante en el artista. La naturaleza es un telón de fondo, no explícito, pero de persistente sugerencia.

Alambres
Los Alambres se forman con infinidad de líneas que, unidos, apiñados, expansivos, colgantes, dirían de ramas de palmeras u hojas de helechos. Aquí la obra adquiere mayores dimensiones. Lo estructural se posesiona del espacio, es movido por el aire, muestra la cualidad del soporte y del hecho que da origen a la escultura.


Alambres recrea lo vegetal. Pero, tal como sucede con la generalidad de esta obra, no hay realismo en la representación. Impera una intencionalidad. La idea de una rama está dada pero es el espectador quien lo establece. El artista apenas establece las coordenadas.


Quizás más que la naturaleza, se trate de figuras en un espacio sideral o, más cercano, en la pantalla de una computadora. Ahora que las imágenes del microcopio rivalizan con aquellas de los fractales, el artista está ante infinitas posibilidades para la invención plástica.


Otros/otras, más
Una escultura abierta, por momentos metafísica, que alude un paisaje, una figura (humana o geométrica), o simplemente una forma en el espacio, constituye un amplio y ecléctico capítulo de la escultura de Fernández que él mismo denomina como Otros. En esta sección todo cabe y la libertad del artista es total. Un árbol seco, una esfera conformadas por tupidas líneas; formas circulares y abiertas, ascendentes.


La materia y sus medios, el cruce de las fronteras estéticas y formales (incluso dentro de la misma obra), el recurso del objeto ya elaborado o encontrado y replanteado en un nuevo contexto y medio, signan esta serie o etapa. Esta es una obra en la que se impone la frontalidad, en ocasiones el ritmo sin fin, alguna alusión a la máquina y al fetiche. En estas últimas categorías, Otros, reitera características de Fernández, como son lo figurativo, lo mixto, el bronce, lo narrativo; la tendencia a los grandes formatos (a veces totémico) y cierta cualidad de objetos mágicos.


De pronto, entre tantos sujetos suyos, aparece un hipopótamo. Una figura tal cual es, gruesa y pesada, con una pátina un tanto oscura. Un motivo casi extraño por lo sorprendente. Un hipopótamo. El símbolo de esta figura está asociado a la fuerza y también a la fertilidad. Una fuerza que el hombre no puede domesticar.

por Juan Carlos Palenzuela