Martha Elisa Bojórquez



 





Tomás Gondi



Se asegura que el arte no debe tener sexo, pues siendo creado por un hombre o
por una mujer, indistintamente, se convierte en un lenguaje para comunicarse el
autor con sus semejantes. Sin embargo, estarás de acuerdo que como espectador
muchas veces al observar una obra o un conjunto de creaciones de un mismo autor
podemos intuir la personalidad, sensibilidad y género de quien las creo.
Este es el caso de la pintora Martha Elisa Bojórquez que logró con
su obra involucrarme en su lenguaje, lo suficiente para detectar su forma de ser,
pensar, sentir y captar su mensaje.



En lo que se refiere a su pintura, detecto en la autora una alegría y entusiasmo
por enfrentarse cotidianamente, en la intimidad y soledad de su estudio, a un
encuentro con su sensibilidad. Sus telas y papeles son el territorio en donde
resuelve la comunicación con sus mudos interlocutores que sin duda tendrá
cada obra tiempo después. Martha Elisa disfruta su contacto con el lienzo
por medio de la materia que le va adicionando, por medio del vigor de su trazo,
con el juego de su pincel o a golpes de espátula, disfruta el descubrimiento
que va teniendo en cada espacio de su soporte, se regodea con los elementos que
va encontrando a su paso merced a su creatividad, elementos como símbolos
que no se ven pero se sienten y que forman en conjunto su lenguaje en cada pieza.



En cuanto a su tendencia estilística, aun en tránsito de lo figurativo
a lo abstracto. Martha Elisa evade poco a poco lo concreto, lo evidente y da vigencia
con frescura a un concepto clásico que hoy día sólo podemos
apreciar en museos o en el ámbito de algunos privilegiados autores que
aun cocinan un culto a la abstracción nacida en 1914.



Observar una colección de Bojórquez es como entablar un diálogo
que va cambiando, que te va diciendo cosas diferentes conforme el mensaje de cada
obra, conforme las sensaciones que dan sus colores, sus lisuras y texturas, un
dialogo que uno como espectador disfruta también, corno tiempo atrás,
en el momento creativo, seguramente disfrutó la autora y... ese es precisamente
el acto sublime del arte, comunicar.



En Martha Elisa Bojórquez se percibe su sana agresividad, inteligencia
y, sorprendente sentido de organización con el que adecuadamente lleva
el desarrollo de su carrera en esta parte inicial que es crucial en cualquier
profesional de las artes, lo que me lleva a vaticinar los grandes alcances que
como comunicadora por medio de su arte tendrá en una promisoria ruta que
se ha trazado, porque bien sabe que quiere y a donde va como pintora.



No se puede llegar a la madurez y a una personalidad definida sin el tránsito
del tiempo y eso es lo que tendremos que esperar para confirmar los espacios a
los que llegará Martha Elisa Bojórquez con su arte.



Tomás Gondi

Marzo 1 del 2001