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Feria
FIA 2004

ArtNexus #54 - Arte en Colombia #100
Oct - Dic 2004



Institución:
Fia Caracas

Federica Palomero



La FIA ha llegado a su decimotercera edición en medio de un clima político y una situación económica que no favorecen este tipo de eventos, y de hecho, se observa la poca participación de galerías extranjeras, así como la deserción de algunas venezolanas que habían participado regularmente. Con más razón hay que resaltar la constancia y el tesón de los organizadores, que han logrado mantener este importante evento en medio de tantos obstáculos, y que además han incorporado eventos paralelos: la FIA virtual, el salón ¨Jóvenes con FIA¨ y una muestra de esculturas venezolanas contemporáneas. Los invitados de honor de este año fueron Cornelis Zitman por Venezuela y Darío Escobar en el nivel internacional. Esta escogencia fue muy acertada: Zitman es desde hace décadas un maestro de la escultura figurativa, de técnicas tradicionales, con una investigación que le ha permitido renovar totalmente la estética indigenista. Y Escobar es un artista joven que maneja con mucha soltura e ironía los símbolos de nuestra sociedad globalizada.



La feria abrió con dos exposiciones de colecciones corporativas: la del Banco Provincial y la del Banco Mercantil. La primera complacía al público más conservador con un conjunto de paisajes de la Escuela de Caracas, obras casi todas excelentes y que permiten reflexionar sobre los cambios de visión: fueron muy de vanguardia en su tiempo, rompieron con el academicismo y hoy día lucen muy clásicas y tradicionales. La Fundación Banco Mercantil, sin duda una colección llevada con un criterio a la vez riguroso y exquisito, nos había acostumbrado en años anteriores a unas muestras sobresalientes, dignas de un museo. Este año presentó una pequeña (en tamaño) antología de Elsa Gramcko, y a través de la excelencia en la selección, el montaje y el catálogo, nos regaló un acercamiento muy valioso a esta gran artista. Luego, hubo un stand muy simpático, con un gran significado afectivo para los que tuvimos la suerte de trabajar con Sofía Imber: se trataba de un homenaje a modo de semblanza de la creadora del MACCSI, además de destacada periodista, repleto de fotografías que evocan su carrera, dibujos de Zapata y retratos que tienen más valor anecdótico que plástico.



Entre las galerías, nos llamó la atención KBK, de México, con fotografías de Esteban Pastorino y de Marcos López: una muestra seria, que más que ventas busca valientemente la promoción de nuevas generaciones de artistas latinoamericanos. El primero lleva la reflexión acerca de la realidad y la ficción y sus dudosas fronteras, y el segundo, más ecléctico, trabaja con base en imágenes donde lo local se mezcla con íconos globalizados, dentro de una iconografía plebeya. La galería FORUM, de Perú, trajo varios artistas, entre los cuales se destacaba la joven Gianna Pollarolo, que trabaja sobre la transparencia y la sombra con gran delicadeza, en un lenguaje al borde de lo conceptual. Artistas latinoamericanos más conocidos también estuvieron presentes en la FIA, entre ellos los cubanos Manuel Mendive y Kcho. El primero, en Joan Guaita, de Mallorca, con unos bronces de animales fantásticos, muy lúdicos, casi ingenuos y al mismo tiempo involucrados con su mundo mágico; el segundo, en la Galería Juan Ruiz, de Maracaibo, con unos dibujos magistrales y un impresionante ensamblaje de casitas sobre un caucho, aunque su discurso sobre el exilio resulta algo problemático. Entre las galerías locales, la 39 tuvo el stand más atractivo, así como en los años anteriores: presentó sólo a dos artistas, con un montaje que permitió apreciar bien las obras, en este caso las de Milton Becerra, con variaciones muy logradas a partir de su trabajo sobre ataduras y monedas, y las de José Antonio Fernández, un artista joven que está dando nuevos aires tanto al tema de la naturaleza como a la escultura. Mercedes Pardo, artista veterana, ocupaba todo el espacio de la Galería Altamira Fine Art, con piezas de su última producción, llenas de vitalidad, libertad creadora y una revisión casi irónica de su propia trayectoria. Las otras galerías cometieron el error estético (pero tal vez sea una estrategia de ventas) de atiborrar su espacio con demasiadas obras muy eclécticas. Había que ir pescando las que realmente valen la pena. En este caso, se encontraban unas piezas de Alejandro Otero en la Galería Díaz Mancini, de diversas épocas, todas muy representativas. Y en la Galería Medicci había unos magníficos pasteles de Diego Barboza, con sus temas de los últimos años: desnudos y naturalezas muertas que reafirman la empatía del artista con este medio hoy poco usado.



El nivel promedio de la FIA 2004 es regular, pero lo más importante en este caso es mantener la continuidad de este evento, muy concurrido por el público caraqueño, esperando que pronto pueda volver a tener el prestigio que había logrado en pocos años de vida. 






 


 

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