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Aria
 


En el cielo también hay música
 


La barca
 


Clik, clik, toc, toc
 


Creisi Blu
 


Nueve
 


Buscando
 


Yuri / Rosa
 


M
 

 
Monografía
Brooke Alfaro
Pintor y Videoartista

ArtNexus #57 - Arte en Colombia #103
Jun - Ago 2005




Mónica E. Kupfer


Los videos de Alfaro nacen en gran medida de la intuición, más que de la experiencia con el medio, situación que se refleja en la cruda honradez de sus obras. Para algunos videos, él escribe el guión, escoge la música y les indica a sus actores-vecinos qué hacer. En otros, los personajes están en lo suyo, y Alfaro labora en un esquema voyeurista, grabando sus palabras y acciones, escenas que luego manipula o reinterpreta en la computadora.


El artista panameño Brooke Alfaro ha descrito la pintura como su ¿más íntima y real expresión artística¿, y sin embargo, en 2000, después de dos décadas como pintor, dejó los lienzos por el videoarte. De los años setenta a los noventa había expuesto sus pinturas en múltiples muestras con gran éxito tanto crítico como comercial. Entonces, para sorpresa de los coleccionistas de sus obras, al cierre del siglo XX presentó su primer video en una bienal internacional, momento a partir del cual se ha dedicado de tiempo completo a este nuevo medio. El cambio fue drástico: de la prosperidad y reconocimiento como pintor al escalón inicial como artista de video.

Años atrás, aun antes de que iniciara su carrera de pintor, hubo un antecedente con el video en la vida de Alfaro. De joven había ensayado con una filmadora Super-8, en un esfuerzo por crear una película, pero las dificultades del medio que en aquel momento le resultaba costoso y tedioso hicieron que lo abandonara. No volvería a probarlo hasta ya cumplidos los 50 años de vida. Curiosamente, a pesar de su naturaleza creativa, a la pintura también había llegado relativamente tarde, luego de haber terminado la etapa universitaria que inició en el campo del derecho y culminó en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Panamá, al seguir las pautas establecidas por su familia conservadora y su educación tradicional.

Sin embargo, más que una profesión, Alfaro añoraba una forma de vida en la que predominara la expresión creativa, por lo que se decidió a estudiar pintura. Asistió a cursos en la Art Students League (Liga de Estudiantes de Arte) en Nueva York por varias temporadas a lo largo de tres años. Aprendió a pintar a la manera académica ¿admiraba profundamente a Velásquez¿ aunque también exploró una variedad de estilos desde el impresionismo hasta la abstracción. Le dedicó horas y ahínco al aprendizaje del oficio, buscando perfeccionar su dibujo y manejo del color, refinando su poder de expresión hasta poder insertar en cada personaje ¿algo de su alma¿. Regresó a su país a principios de la década de los ochenta, y a lo largo de los años siguientes creó un gran número de dibujos, pasteles y lienzos, convirtiéndose rápidamente en uno de los pintores más cotizados en Panamá, con múltiples invitaciones para representar al país en eventos internacionales.

Las pinturas de Brooke Alfaro se caracterizaron desde el primer momento por un interés agudo en el ser humano, enfocado inicialmente de manera romántica y poética en figuras femeninas, ampliándose luego a una visión ¿surrealista y fantástica¿ de toda la humanidad con sus obsesiones religiosas y pasiones eróticas, sus actitudes políticas y posturas ideológicas. Con la incorporación de una rica iconografía y un sentido fantástico de la realidad, Alfaro siempre ha pintado elementos perturbadores y escenas de ambigüedad visual y psicológica que desafían al observador y lo hacen cuestionarse. Por años pintó composiciones imaginativas e irreverentes pobladas por hombres comunes, perros y sacerdotes, ángeles de camisa y pantalón, vírgenes mestizas y santos de su propia creación. En sus pinturas, se mofaba con aguda ironía de las tradiciones eclesiásticas y los patrones sociales que caracterizan a América Latina, a la vez que, con una técnica pictórica casi virtuosa que refleja su interés profundo en los viejos maestros, hacía eco del estilo del arte religioso del barroco colonial y del imaginario popular.

Aunque Alfaro basaba sus figuras en modelos que encontraba entre sus vecinos en el Casco Antiguo de la ciudad de Panamá, donde por muchos años tuvo su residencia y su taller, con el tiempo fue transformando y deformando a los personajes en obras cada vez más audaces. Durante el período de la crisis política y el final de la dictadura en Panamá, e inclusive ya iniciada la etapa democrática, pintó imágenes de falsos héroes, figuras militares y oficiales corruptos, en grupos de humanos y animales que parecían surgidos de una pesadilla. Incluso plasmó en sus lienzos la experiencia de la invasión norteamericana a Panamá el 20 de diciembre de 1989. Luego, profundizó aún más en interpretaciones radicales y distorsionadas de la humanidad, en imágenes de figuras únicas o en obras donde abrumadoras selvas tropicales y mares turbulentos funcionaban como fondos pero también como elementos protagonistas. Con reminiscencias de Bosch y Brueghel, Alfaro representaba las debilidades de los seres humanos, las caras dobles, el orgullo y las pretensiones. Hacia fines de la década de los noventa, las levitaciones, las desfiguraciones corporales y la incongruencia en las proporciones y dimensiones de los seres humanos habían alcanzado un auge en sus pinturas en las que, como bien lo describiera Ricardo Pau-Llosa, ¿más allá de leyes violentadas, narraciones imposibles y mitos descartados, yace el encuentro de varios mundos que pertenecen a nuestro subconsciente individual y colectivo¿1.

Alfaro sublima pasiones reprimidas en obras intensamente descriptivas, pero sobre todo, presenta una visión personal de los males que caracterizan a nuestra sociedad, tema ante el cual adopta una postura irreverente y hasta agresiva. Lo mismo ocurre en sus videos que impresionan inicialmente por su extremo realismo, que cuentan historias ambiguas que el espectador está obligado a completar, y que a la vez reflejan una protesta ante las múltiples injusticias sociales del mundo actual. La melancolía generalizada de sus modelos pintados se transmuta en la absoluta miseria de los personajes filmados que surgen igualmente de barrios pobres, presentados ahora en toda su difícil ¿y a la vez poética¿ realidad.

Alfaro creó su primer video cuando representó a Panamá en la II Bienal Iberoamericana de Lima, evento que promovía la participación de obras que rompieran esquemas. Preparó, en colaboración con la fotógrafa panameña Sandra Eleta, la instalación titulada Comanche (1999), que incorporaba fotografía, texto, video y escultura en torno a un hombre indigente de la ciudad de Panamá2. El video enfoca a un hombre alcohólico y drogadicto que recorre las calles de la ciudad dando discursos seudopolíticos a públicos inexistentes. En la instalación, el artista contrastaba a este hombre trastornado con bustos expresionistas creados con tierra y cemento que imitan las típicas estatuas de próceres de la independencia que se encuentran en las plazas urbanas de toda América Latina. El video nació del deseo de Alfaro de documentar a este excéntrico y desinhibido personaje, a quien siguió por tres meses, inicialmente grabando sus andanzas y luego entablando conversaciones con él. El producto fue un video de siete minutos y el comienzo de una nueva etapa en la vida de Brooke Alfaro.

Comanche es un ejemplo de los temas que dominarían la futura producción en video de Alfaro: la gente del barrio más antiguo de Panamá que vive en las más paupérrimas condiciones, con inmensas carencias y absolutamente marginada de la sociedad. Alfaro se siente a gusto con la gente humilde y sencilla, y sus vecinos del Casco Antiguo le manifiestan el mismo cariño3, hecho relacionado con la necesidad patente en Alfaro de romper con la complacencia del esquema burgués en el que fue criado. Como los modelos para sus pinturas, sus videos muestran personajes perturbadores que para él encierran belleza, y que utiliza para asombrar, o hasta repugnar, a su público.

Los videos de Alfaro nacen en gran medida de la intuición, más que de la experiencia con el medio, situación que se refleja en la cruda honradez de sus obras. Para algunos videos, él escribe el guión, escoge la música y les indica a sus actores-vecinos qué hacer. En otros, los personajes están en lo suyo, y Alfaro labora en un esquema voyeurista, grabando sus palabras y acciones, escenas que luego manipula o reinterpreta en la computadora. Éste fue el caso con su segunda obra, titulada Clik, clik, toc, toc (2000, 14 min.), en la que aparece un hombre¿que canta calipso a cappella¿ cortándole el pelo a otro de la manera más tosca, dando la impresión de que le va a trasquilar el cuero cabelludo a su cliente. Como parte del continuum que constituyen los videos de Alfaro, esta obra incorpora partes de la filmación y el audio de Comanche. Clik, clik, toc, toc fue presentada inicialmente en Costa Rica como una video-instalación con un monitor sobre un pedestal rodeado en el piso por cortes de cabello negro.

En 2002, Brooke Alfaro representó a Panamá en la Bienal de Venecia con Aria (3: 20 min.), una obra extraordinaria tanto en lo visual como lo auditivo, que también fue filmada en el Casco Viejo de la ciudad de Panamá. Aria se inicia con una larga toma que parte de la vista al cielo que ofrece el techo destartalado de un edificio en ruinas, descendiendo lentamente en espiral por paredes sensuales y corroídas, mientras escuchamos el canto de una voz femenina, clásica pero desentonada, que imbuye la escena de espiritualidad. Un sonido áspero, rítmico e indescifrable contrasta con la voz de ópera a medida que observamos el interior derruido de lo que en otro tiempo histórico fue una residencia señorial y que en el momento de la filmación era una casa condenada que albergaba precariamente a ocho familias de escasos recursos. La expectativa culmina cuando la cámara llega al suelo de esta torre donde canta una mujer humilde que aparece rodeada por un grupo de niños pobres que crean el sonido misterioso raspando sus carrizos en las tapas de vasos de McDonald¿s. En un espacio decrépito y en medio de una gran penuria, Alfaro logra transmitir la sensación de belleza tanto arquitectónica como humana4.

Aria marca un momento importante en el trabajo de video de Alfaro porque muestra una unión fluida entre el medio y el contenido en una obra que, con conmovedora sencillez y refinado sentido estético, transmite un mensaje profundo de connotaciones políticas y sociales. La obra demuestra cómo la madurez pictórica ha provisto a Alfaro con una valiosa base para el trabajo en video, a pesar de las enormes diferencias técnicas. Además, Aria lo logra de una manera que trasciende lo local, como lo demuestran los múltiples galardones internacionales que la obra ha recibido, incluídos los primeros premios del I Concurso de Videocreación Inquieta Imagen del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo en San José, Costa Rica; de la III Bienal de Artes Visuales del Istmo Centroamericano en Managua, Nicaragua (junto con el video Yuri); y del I Concurso de Video-Arte de América Latina y el Caribe organizado por el Centro Cultural del Banco Interamericano de Desarrollo en Washington, D. C., así como una Mención de Honor en el certamen internacional Vidarte 2002 en México, D. F.

La joven ¿soprano¿ de Aria también protagoniza el video Creisi Blu (2002, 2 min.) en el que aparecen ella y el barbero de Clik, clik, toc, toc cantando a su manera y con palabras inventadas una pieza coral del siglo XVII. La imagen está dividida en 16 cuadros que se desplazan uno por uno como en un puzzle, dejando siempre un recuadro en negro. Las piezas se mueven continuamente a lo largo del canto y es justamente con la última nota que los cuadros coinciden en una posición que muestra la escena completa. Tanto el juego como la canción tienen un componente de expectativa e inocencia, que se rompe cuando en la última imagen nos encontramos frente a dos figuras de extracción humilde, muy alejadas en tiempo y situación del mundo refinado que refleja el audio. Creisi Blu fue ganadora de una Mención de Honor en la VI Bienal de Arte de Panamá de 2002, donde fue presentada dentro de un cubículo negro en el que la única luz provenía de la imagen diminuta del video presentado en retroproyección, que requería que los espectadores lo observaran muy de cerca.

Brooke Alfaro también estrenó en la Bienal de Panamá la obra titulada Yuri (2002, 2: 47 min.), protagonizada por una prostituta desamparada que el artista conoció durante la filmación de Comanche. En un cuarto oscurecido, el video de Yuri (que el artista también tituló Rosa para proteger la identidad de su protagonista) confrontaba al observador con la imagen de esta mujer desnuda a tamaño natural, mostrando un cuerpo cansado y marcado por tatuajes, dividido en múltiples recuadros que recuerdan los foto-collages del artista inglés David Hockney, pero que aquí logran otra impresión porque cuentan con los valiosos componentes del movimiento y el audio. En este video de Alfaro, Yuri narra una historia personal con relación a sus experiencias en la cárcel de mujeres y la atracción que sentía por las reclusas jóvenes. Sus testimonios describen una vida cruda y difícil de vislumbrar en una reflexión que incomoda al espectador. Esa intimidad perturbadora y la manera en que esta mujer revela cada vez más de si misma constituyeron para Alfaro uno de sus grandes logros en el proceso creativo.

La realización técnica de Yuri está intrínsecamente ligada al contenido, pues Alfaro empleó un proceso complejo en el que dividió el cuerpo de esta mujer en muchos recuadros pequeños, cada uno de los cuales filmó por separado y luego unió en la computadora. Este procedimiento laborioso sirvió para generar un efecto desconcertante, pues cada pedazo del cuerpo se mueve de una manera un tanto diferente de los demás, logrando múltiples y dinámicas faltas de registro en la imagen. Se trata de un cuerpo en pedazos que relata parte de una subsistencia desarticulada, tanto social como afectivamente.

En el video Cortes (2002, 20 min.), Alfaro utilizó nuevamente la pantalla dividida, en este caso en 16 recuadros en los que aparecen cinco hombres recibiendo cortes de pelo de manos de un vecino (el cantante de Creisi Blu), en el patio abierto de lo que fuera una casa grandiosa y hoy es un espacio condenado en el antiguo barrio de San Felipe. Cada uno de los ¿clientes¿ va relatando historias de su vida personal, principalmente de crímenes que han cometido o vivido, confesiones pavorosas de aventuras oscuras que ellos transmiten en monólogos con un tono de conversación común. Sus declaraciones, cargadas de cierto humor, revelan un mundo de pobreza y criminalidad producto de circunstancias socioeconómicas deplorables, que en conjunto transmiten una visión insólita de la cultura del panameño de bajos recursos. Como en un juego, el audio de Cortes sigue un ritmo propio al emitir ¿de aquí y de allá¿ el sonido que coincide con alguna de las 16 imágenes, de tal manera que el espectador está incitado a encontrar el cuadro de donde emana la voz. Dentro del contexto de lo que se escucha, este ¿acto hace evidente el morbo que asumimos ante la crudeza de una realidad que sólo nos es accesible mediante la prensa amarillista¿5.

Los horrores de la vida en la calle también se encuentran reflejados en las actuaciones realizadas por Yuri en los videos Buscando y M que Brooke Alfaro produjo en 2003. El video Buscando (4:45 min.), inicialmente titulado Buscando a Alguien, presenta a Yuri de manera frontal, parcialmente cubierta con una sábana blanca que permite notar su desnudez y las marcas en su piel. Ella empieza a hablar, sin mirar directamente a la cámara, contando cómo le gustaría morir y armando una fantasía alrededor de la idea de buscar a alguien que la mate de una forma cruel. Sugiere que la podrían llevar a las afueras de la ciudad, apuñalarla y cortarla en pedacitos, una imagen impresionante y grotesca que sería publicada al día siguiente en los periódicos, de tal manera que todos se enterarían que ella existió. En su fantasía, esta prostituta alcohólica y solitaria que vive y duerme en la calle describe aquella muerte como una suerte de apoteosis, como su gran y único momento de fama. Para el espectador resulta alarmante escucharla y encontrarse invadiendo la intimidad de esta mujer tan golpeada por la vida, que aún tiene el espíritu para describir una muerte grandiosa. El video termina después de una toma de Yuri en la cama, con los ojos cerrados y mojándose los labios, ya inmersa en otra fantasía.

En M (2003, 10: 40 min.), Alfaro incorpora al video letras y palabras que, superpuestas a la acción filmada, introducen un nuevo nivel de narración y de interpretación. Según una descripción de Alfaro, M ¿representa un día en la vida de una prostituta que se absorbe en la memoria de un hombre, y que en la soledad e intimidad de su habitación va revelando sus carencias y urgencias¿. El video empieza con una toma desde cierta altura de Yuri desnuda en la ducha. Sobre los azulejos vemos la letra ¿m¿ que luego se convierte en la palabra momentos. Mientras ella se lava y se toca aparecen en la pantalla y en letras blancas las palabras sí, mano y manubrio, y mientras se seca, toalla y glamour, vocablo de una ironía dolorosa pues lo que vemos es una vida totalmente desprovista de encanto. Al salir del baño camina por un pasillo al cuarto de un hotel de mala muerte, amueblado con una cama, una silla y una mesa a la que le falta una pata.

Los movimientos del personaje y las palabras superpuestas nos van conduciendo por una parodia deprimente de esta mujer que se arregla con lipstick, se pinta con esmalte rojo las uñas de un pie inmundo y toma tragos de una botella sin etiqueta. Se mira en un pequeño espejo mientras se pone bonita para un hombre del cual sólo puede soñar. Reacomoda los pocos muebles de la tétrica habitación, mientras que las palabras aquí, búscalo, cama, golpe, preso, y preciosa aparecen sobre la pantalla. En una segunda parte del video, la vemos un día antes frente a la ventana de la misma habitación, contándonos que su marido está preso, que la ha dejado sola cuando ella lo necesita de tantas maneras. Luego, se inicia en el fondo un concierto clásico de cello mientras la cámara nos lleva a observar el abanico en el techo y luego a Yuri en la cama saciando sus ansias, acompañada por las imágenes visuales de ahhh, maaaás, y mmmmm. Ella se levanta, se limpia, y la última toma nos muestra un tatuaje sobre su seno donde lleva grabado el nombre del hombre: Edwards.

En estos videos, Alfaro explora la intimidad sexual y psicológica femenina a través de la actuación y las confesiones de una mujer ruda y endurecida a quien él ha logrado explorar en lo más interno de su vida privada. Lo que sus videos no muestran es la intensa labor y los muchos meses que el artista dedica a la relación humana hasta lograr este impresionante nivel de confianza con sus ¿actores¿. Muchos de ellos habitan en circunstancias infrahumanas en la calle o en las casonas destartaladas y sin techo que proveen el escenario para algunos de sus videos, espacios en cuya decadencia este artista descubre una especial belleza arquitectónica e histórica. No hay duda de que la ciudad de Panamá y, muy especialmente, las áreas de gran pobreza ocupan un rol propio dentro de la obra de Alfaro.

Para el video Nueve (2003, 14 min.), la etapa inicial de preparación duró más de un año, pues Alfaro se propuso crear una obra que uniría a dos pandillas enemigas que viven en Barraza, uno de los barrios más peligrosos de la ciudad. El proyecto fue creado para el evento titulado ¿Ciudad múltiple¿, en el que artistas panameños y extranjeros fueron invitados a producir obras relacionadas con la ciudad de Panamá, y dentro del entorno urbano. El acercamiento a los pandilleros ¿de los grupos Los Palestinos y La Banda de Tabo que se odian a muerte y han llegado a matarse¿ fue necesariamente cuidadoso y paulatino, iniciándose con un tenso primer encuentro y llegando muchos meses después a múltiples filmaciones.

Nueve se refiere al nombre que los pandilleros le dan a su arma de preferencia: la pistola semiautomática de nueve milímetros. En el video de Alfaro aparecen los dos grupos simultáneamente cantando las palabras de una pieza musical del popular ¿rapero¿ panameño ¿El Roockie¿. Las imágenes fueron proyectadas de noche en un formato enorme sobre las paredes de un edificio multifamiliar en Barraza, logrando un momento de concordia entre las dos pandillas que sería absolutamente imposible en la realidad. La presentación contó con la participación de una gran cantidad de gente del barrio y de visitantes que se percibían ¿correctamente¿fuera de su elemento. Se produjo una combinación de ansiedad, suspenso y expectativa que culminó cuando los vecinos del lugar reaccionaron al video con aplausos y gritos de euforia. Alfaro había creado una obra que verdaderamente cumplía con el mandato de existir ¿con y en la ciudad¿, pues en aquel momento formaban parte de la experiencia artística tanto el creador de la obra como las pandillas rivales, como el barrio y sus moradores.

Aunque Brooke Alfaro está considerando la posibilidad de volver a la pintura, durante 2004 creó videos nuevos como El Concurso (2:55 min) y Dios mío (4: 20 min.), obras en las que, aunque los intérpretes siguen siendo moradores del Casco Viejo ¿una pobre mujer con nueve hijos, y dos pescadores desocupados respectivamente¿, se percibe ahora un giro conceptual. Además de hacer énfasis a través de las voces de sus protagonistas en la devastadora miseria que envuelve tantas vidas, Alfaro introduce un elemento ingenioso e irónico al propiciar fantasías cuando les dice que serán ellos los que recibirán el dinero que, de ganarse el premio, le otorgaría el concurso internacional al cual enviará los videos. Por primera vez, el artista-voyeur se ha integrado a la acción. Lo que no ha cambiado es la manera en que Brooke Alfaro sabe provocar reacciones al combinar la desgracia con el humor y la realidad con la ilusión, tanto en sus pinturas como en sus videos.


NOTAS

1. R. Pau-Llosa. Brooke Alfaro, cuando nuestros mundos se cruzan¿, México, Galería Ramis Barquet, 1997.

2. Mónica Kupfer, ¿Comanche. Una instalación por Brooke Alfaro y Sandra Eleta¿, II Bienal Iberoamericana de Lima, Perú. Panamá, Fundación Arte y Cultura, 1999.

3. Aixa Jirón, ¿Brooke Alfaro y su arte inmortal¿, La Prensa (24 de noviembre de 1991): 34B.

4. Mónica Kupfer, ¿Aria: Brooke Alfaro¿, en Archipiélago de Imágenes, editado por Irma Arestizábal para el Pabellón IILA, 50ª Bienal de Venecia, Italia, 2003, pp.68-69.

5. María J. Monge, ¿Articulaciones y disyunciones entre el arte escandinavo y centroamericano¿, en Conexarte, revista virtual del MADC de Costa Rica.




 


 

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