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Sobre fondo rojo
 

 
Exposición Individual
Raúl Díaz

ArtNexus #59 - Arte en Colombia #105
Dic - Mar 2006



Dallas, Texas
Institución:
Pan American Art Gallery / Gerald Mellberg

Salomón Grimberg


Entre el 10 de junio y el 16 de julio de este año se llevó a cabo en la Pan American Art Gallery de Dallas, Texas, una exposición de obras recientes de Raúl Díaz (1952). Nacido en Córdoba, Argentina, Díaz mostró un talento precoz para el dibujo, que fue fomentado y estimulado por sus padres, quienes lo enviaron a estudiar pintura y dibujo con un profesor particular. Cuando tenía 20 años se inscribió por dos años en la Escuela de Ingeniería y estudió pintura con el artista italiano Cristiano Czerni. Esos dos años, sumados a otro en la Escuela de Arquitectura, constituyeron su preparación formal, que, junto con su trabajo posterior en construcción y decoración, le dio forma a su futuro arte, que es tanto artesanal como pictórico. En 1987 realizó su primera exposición individual en la Galería de Arte Giaroli, de Córdoba, Argentina. Diez años más tarde, Jerald Melberg, director de la galería que lleva el mismo nombre, en Charlotte, Carolina del Norte, descubrió la obra de Díaz en Art Miami y, según afirmó, ¿¿su belleza y misterio¿¿ quedaron marcados por siempre en su memoria. Ese mismo año le organizó su primera exposición individual fuera de Argentina. (La que reseñamos en este artículo también fue expuesta en la galería de Melberg). Desde entonces, su arte ha sido llevado a numerosas exposiciones en todo el mundo, y su fama continúa creciendo. Alrededor de 1985, su obra alcanzó la madurez a partir de la cual ha seguido evolucionando. Se pueden observar influencias que lo afectaron, no sólo por su iconografía sino también por su contenido emocional. El romanticismo de Díaz lo llevó a la melancolía que se observa en la obra de los primeros años de Picasso en París; los acróbatas del Período Rosado sirvieron como punto de partida para ampliar el tema del circo: caballos, arlequines, acróbatas, trapecistas, pintados esencialmente en azules pálidos; o varias versiones de los jugadores de cartas de Cézanne sentados alrededor de una mesa, pintados también en azules. Estas composiciones fueron formas de tratar sutiles armonías y discordias entre los personajes. Otro tema recurrente que sigue fascinando a Díaz y que también es una influencia de Picasso de la década de los años treinta es el personaje en reposo, o quizás dormido, en una mesa, como en ciertos retratos de Marie Thérese Walter y Dora Maar, empleados por el artista para tratar el tema de la independencia.

Al estudiar su obra cara a cara en esta exposición se concluye que para Díaz cada momento es una experiencia eterna para ser vivida, apreciada y transformada en arte. El mismo sentimiento oceánico que lo invade cuando hace una pintura dominaba al espectador mientras recorría la galería arrastrado por la belleza de cada obra. Díaz se siente más tranquilo cuando es más vulnerable, y esta tranquilidad no autorreflexiva atrae al espectador a un mundo tan precioso, tan sutil, que su descubrimiento genera en nosotros una especie de reverencia. Díaz alude al misterio de la vida en una pintura que uno no podía menos que asociar con Wanderer Above the Sea of Fog, de David Caspar Friederich. Parado en el alféizar de una ventana, un pequeño hombre ¿un humilde espectador asustado¿ se inclina para observar mejor el mar distante. La obra de Díaz es sistemáticamente conmovedora, pero las pinturas de esta exposición que atraían como imanes se referían a su adoración por la mujer. Tranquila, sorprendentemente íntima, cada obra hablaba de una devoción privada. Díaz es un hombre enamorado; les confía a los espectadores sus momentos más íntimos en poemas visuales acerca de su devoción por la fuente primaveral que sacia su sed emocional. Reafirmando que sólo el amor trasciende el tiempo, los amantes viven en un capullo de silente ternura. Díaz pinta, una y otra vez, parejas que hacen el amor en las formas más seductoras. Una obra, a la que regresé varias veces, representa a unos amantes acunados en un bote que flota en un mar de rojos; un orificio, como una pequeña ventana sobre el espacio detrás de ellos, enmarca su silueta con un paisaje de follaje verde bajo un cielo azul. El hombre, con los ojos cerrados, se inclina ligeramente hacia adelante para besar el ingrávido cuerpo de su pareja que se levanta hacia sus brazos. Otra obra fascinante esbozaba dos cabezas que se enfrentan una a otra; él está a punto de secar con un beso la lágrima que brota del ojo de ella. Las pinturas de Díaz son paneles de madera brillados para que parezcan antiguos muros, puertas o postigos desgastados por el tiempo, sobre los cuales el graffiti dejado por un transeúnte ha sobrevivido al objeto sobre el cual fue hecho. Díaz es un pintor extraordinario que, habiendo llegado al terreno de lo sublime, de inmediato se mudó allí; espero que se quede.

Un libro de pasta dura, completamente ilustrado (224 páginas), de exquisita impresión hecha en Italia, estaba a la venta en la galería. En él se hallan varios segmentos a continuación de la introducción escrita por Jerald Melberg. Uno reúne una serie de reseñas anteriores de la obra de Díaz (1991-1999); otro es una declaración del artista; un ensayo coloca su obra dentro del contexto del arte contemporáneo de Argentina; otros dos tratan sobre el simbolismo en la obra de Díaz; también se encuentra una extensa biografía ilustrada y una lista de exposiciones. Todo el libro está ilustrado con reproducciones de pinturas y obras sobre papel producidas entre 1990 y 2001.




 


 

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