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Monografía
Williams Carmona

ArtNexus #64 - Arte en Colombia #110
Abr - Jun 2007




Manuel Álvarez Lezama


La obra de Carmona es un alucinante espejo de las realidades e invenciones que revelan tanto la historia como la ficción en la que se vive en el Caribe y Latinoamérica y sus constantes diásporas desde que comenzamos a contar este OTRO tiempo en 1492. Y esto lo logra Carmona desde el surrealismo.


Existen artistas que deciden ser cronistas de sus tiempos, y su obra es testimonio de un presente específico. Otros artistas, sin querer, se convierten en los más originales y poderosos cronistas de su época. En el caso de Williams Carmona, el joven creador cubano, vemos desde muy temprano en su carrera, una elocuente combinación de estas dos posibilidades rutas o misiones. Vista en su totalidad, desde fines de la década de 1980 hasta hoy, la obra de Carmona es un alucinante espejo de las realidades e invenciones que revelan tanto la historia como la ficción en la que se vive en el Caribe y Latinoamérica y sus constantes diásporas desde que comenzamos a contar este OTRO tiempo en l492. Y esto lo logra Carmona desde el surrealismo, SU surrealismo, el surrealismo que nace desde la Revolución Cubana de l959 hasta el surrealismo capitalista de Puerto Rico y Miami. Y ¿por qué no?, si desde que el Almirante partiera para lo que luego se llamó el Nuevo Mundo TODO cae dentro de uno de los compartimentos de las no realidades.

Como hemos dicho muchas veces, algunas de las descripciones de Cristóbal Colón en su Diario/Cartas son puro surrealismo. Sus sirenas, la flora y su visión de ¿el otro¿ es literatura fantástica que le abrirá las puertas a escritores como Neruda, Carpentier y García Márquez, y también a muchos de los grandes artistas de nuestra América. Y como hemos dicho muchas veces antes, es que el surrealismo ha sido uno de los elementos que nos ha definido desde los conquistadores, Ponce de León, la destrucción de los incas y los aztecas, la esclavitud, las religiones afroamericanas y nuestros contagiosos ritmos que nos definen hasta la modernidad y este presente atrevido desde Miranda y Bolívar/Manuela hasta Porfirio Díaz, la Revolución Mexicana, Lam, Frida Kahlo, Evita, Matta, el Estado Libre Asociado de Puerto Rico, Fidel Castro, Lezama, Miami, J-Lo, el Che como ícono Pop en camisetas que se venden en todo el mundo y el reguetón-perreo. De hecho, toda esta poesía/locura postmoderna nos ha definido siglos antes de que el indefinible concepto de la postmodernidad existiera. Nada, que siempre hemos sido barrocos, románticos y brutalmente postmodernos. Y si ha habido un lugar donde estas intensidades/misterios/magias han sido magnificadas, es en el Caribe: este eterno carnaval de placeres carnales, terribles injusticias, increíbles dolores/vacíos y eternos sueños/esperanzas.

Y es en el siglo XX (el siglo de Carmona, siglo que como el XIX, que no termina en el l900, todavía no ha terminado) donde hemos sido más surrealistas y donde numerosos artistas caribeños han tratado (y algunos han tenido éxito) de capturar/interpretar/inventar escenarios que ni un Bosco se pudo haber imaginado, ya que aquí en el Caribe nada/todo es verdad y todo/nada es posible.

Y, afortunadamente, nuestro arte surrealista no se repite de generación en generación, haciendo que esta otra historia paralela siempre sea un regalo, un reto.

Williams Carmona (quien nació en Cuba a mediados de los 1960, creció y se educó en las mejores instituciones de arte de esa isla en la década de 1980, y aquí desde comienzos de la década de 1990 reside en Puerto Rico) ha sido una de las voces más provocadoras al construir un discurso, el cual titula surrealismo tropical, que nos hace ver/entender parte de nuestros presentes en nuestros muchos Macondos. Y en la tradición de nuestros mejores surrealistas, los cuales nunca se repiten de generación en generación, Carmona se convierte en trovador de esta otra historia paralela y logra que siga siendo la misma pero diferente, única.

Desde que era un estudiante de arte en Cuba, sus obras cuestionaron/retaron los órdenes establecidos por la Revolución ya cansada y sin futuros, convirtiéndolo en un artista controversial, que se oponía a la manipulación y administración del arte con fines ideológicos por parte de las instituciones culturales del Estado. Como muchos de sus colegas artistas, Carmona dejó Cuba para explorar libertades artísticas que se ofrecían fuera de su país. Tanto su talento como su personalidad, y sus experiencias en los diferentes lugares donde vive antes y después de establecerse en Puerto Rico, México, Miami y Nueva York, hacen que su arte exhibido en importantes espacios sea adquirido por coleccionistas privados, coleccionistas que reconocen el raro abrazo de un discurso surrealista verdaderamente extraordinario y un profesionalismo impresionante, y que algunas de sus mejores obras formen parte la colección de prestigiosos museos de Estados Unidos, Europa y Latinoamérica. Ya en 1997, teniendo Carmona menos de 30 años, su obra comenzó a ser objeto de remanentes en Christie¿ s y Sotheby¿s, colocando así su rico y controversial discurso en el ojo de los más rigurosos críticos. Desde entonces, los amantes del arte latinoamericano, y específicamente de nuestro surrealismo, dejan sentir que de este complejo alquimista sólo esperan nuevos vuelos.

Carmona no nos defrauda, y su incursión en la nueva figuración (en su caso, expresionismo caribeño), sus escenarios/mesas existenciales, sus metafóricos huevos fritos, sus cabezas renacentistas, sus complejas y dramáticas instalaciones, sus fenomenales dibujos... prueban una y otra vez que estamos ante un joven visionario.

Y ahora Carmona nos vuelve a sorprender con sus nuevos espejos tridimensionales: primero, sus sartenes pintados donde aparecemos casi todos, por ejemplo, Si hablas de mí, te coseré la lengua ; sus esculturas que se presentaron en San Juan a fines del año 2003, y ahora sus apasionados maniquíes/pinturas/esculturas.

Ya en sus sartenes Williams Carmona había combinado exitosamente la propuesta estética de Duchamp (que redefinirá el arte para siempre), el brillante concepto de la repetición de Warhol (que convirtió en poesía las nuevas formas/órdenes/valores de la postindustrialización), una realidad culinaria del Caribe (nosotros usamos el sartén para todo, ¿ya que lo freímos todo?) y su poderoso discurso surrealista: un discurso que ha venido desarrollando desde que era estudiante en el Instituto Superior de las Artes ¿ISA¿, en Cuba, y que cada vez lo lleva a unas apuestas más provocadoras.

Estas obras de arte tridimensional, llamémosles impactos visuales, combinan objetos que siempre hemos visto muy lejos de la estética (el sartén y ahora los maniquíes) y unos «cuentos» surrealistas muy personales y también enormemente políticos que pueden incluir desde reconocidos personajes del arte renacentista hasta un interesante diálogo con los grandes del surrealismo del siglo XX; desde secretas experiencias amorosas del artista hasta nuestras realidades de hoy (la Revolución Cubana, las guerras en el Medio Oriente, los traumas de la globalización, los perpetuos misterios gloriosos del sexo y nuestras inmensas ganas de cualquier tipo de inmortalidad).

En el caso de los maniquíes, En la punta de mis memorias , Carmona nos vuelve a retar al traducir-interpretar-inmortalizar lo que nos rodea tanto físicamente en este presente como lo que nos hace quienes somos en la mente: ¿imágenes-recuerdos¿ invenciones.

Carmona busca y encuentra sus cómplices en maniquíes desechados y huérfanos, recoge piezas a la Duchamp, para intervenirlas y darles nueva vida con nuevos propósitos. Mediante la selección de estos maniquíes/objetos/cascarones/y piezas, pedazos de unos pasados compartidos, la pintura de Carmona puede verse como tatuajes o sueños; al ¿vestirlos¿, el artista comparte las penas más terribles de la existencia y celebra los momentos más bellos del poema que tenemos que componer durante nuestras vidas. Carmona se atreve a crear unos mapas donde caminan indiscriminadamente fuerzas tan variadas como personajes de Velázquez, mendigos del Viejo San Juan, Dalí, Martí, Jesucristo, prostitutas de La Habana Vieja. Los maniquíes, esos seres prios que vestimos y que finalmente terminan en la basura, son reinventados para que vuelvan a tener ganas de ser objetos del deseo, para que por fin puedan hacer cuentos y amar.

Con su nueva e impresionante obra tridimensional, con sus recientes pinturas sobre lienzos donde narra-convierte en poesía épica las hazañas de los balseros Si vienes conmigo puede que tengas riesgos, aparece el todopoderoso Jesucristo forzado a huir del holocausto, cubanos por entrar en espacios de libertad, es claro que Williams Carmona continúa pidiéndonos/sacudiéndonos/forzándonos a que lo acompañemos en un viaje inolvidable, donde se nos hará más claro que tenemos que seguir tratando de hacer que esta corta vida no sea también pequeña. Nada, que la nueva obra de Williams Carmona hace claro, una vez más, que estamos ante un importante cronista de lo que Cristóbal Colón llamara el Paraíso, y que continuamos tratando de convertir en el Infierno.




 


 

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