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Williams Carmona. La locura del cuerpo, 2010. Óleo sobre tela. 36,5 x 45 cm. (14 x 18 pulgadas).
 

 
Exposición Individual
Williams Carmona
Museo de Arte de Puerto Rico

ArtNexus #78 - Arte en Colombia #124
Sep - Nov 2010



San Juan, Puerto Rico
Institución:
Museo de Arte ***

Janet Batet


Williams Carmona es una suerte de duende inquieto que adora escudriñar laberintos insondables del alma. Con una aguda sensibilidad y particular sentido del humor, su obra se convierte en el pasaje propicio para la ensoñación y el recuento. Tal es el sentido que anima la actual muestra personal en el Museo de Arte de Puerto Rico, donde fabulación y delirio van mano a mano.
La exposición, que es un compendio de la obra reciente de este artista, avizora nuevas líneas de exploración, como es el caso de los sofisticados maniquíes: caprichosas madonas que atrapan en sus miriñaques toda suerte de misterios.
La propuesta de Carmona participa de ese gran maná que es el realismo mágico, tan caro a nuestra región. Mucho se ha insistido en el vínculo estrecho de la obra de Carmona y el surrealismo. En este sentido, el encuentro entre el artista y Leonora Carrington en México, en 1999, se revela sintomático. Para Leonora, Williams Carmona era una especie de ¿brujo esotérico¿, un ¿fantasma viejo¿. Ambos calificativos evidencian rasgos esenciales de la personalidad de este artista, en que el campo del arte se erige labor de hechicería: el caldero propicio donde sapos y sortilegios se trastocan en mariposas amarillas. Del otro lado, hay detrás de sus lienzos un algo muy especial que nos transporta a través de las épocas en un viaje sin igual. Es como si el artista, ese ¿fantasma viejo¿ relatado por Leonora Carrington, regresara de algún viaje ignoto y nos lo relatara a través de sus cuadros.
Pero si bien hay componentes surrealistas como el automatismo psíquico y el azar, que actúan como elementos constitutivos esenciales que nutren el proceso creativo, no podemos soslayar el sustrato realista y el rejuego con la historia que inspira al artista y que se erige piedra angular en la propuesta de Williams Carmona.
La obra de Carmona participa del inclusivismo y la cita, tan caros al arte contemporáneo. La apropiación de epígonos de la historia del arte es una constante en sus cuadros, donde coexisten caprichosas meninas, personajes cortesanos, Giocondas travestidas, Cristos, entre otros, e incluso la cita al sacrifico del acto creador a través de la cita al autorretrato de Van Gogh o el martirio, en su sentido más general encarnado a través de san Sebastián. Habitualmente, sus cuadros como idea prístina se inspiran en personajes de barrio que son integrados a esa especie de puesta teatral que es su obra.
Su propuesta es partícipe también de un hálito metafísico. En general, los personajes están cuidadosamente emplazados en el centro de la composición, en medio de la nada. Tan sólo el horizonte es resaltado como referencia necesaria. El dominio del azul en el plano de fondo reafirma todo el tiempo el elemento acuoso, que es a su vez reforzado por el gusto por regaderas, peces y grifos de agua. En su mayoría, los retratados son especie de maniquíes, bustos desprovistos de brazos que nos inquieren con la mirada de manera inquisidora. Las mujeres mandan y los hombres se ilusionan o Fórmula para mujeres, ambas de 2008, son fieles exponentes en este sentido.
Justo en este punto, se impone la incursión en el arte objetual donde el maniquí es punto de partida. Adentrarse en la sala del museo es una inmersión magnífica, gracias al juego con las poses manieristas de tan sui géneris meninas, cuyos miriñaques contienen universos alucinatorios con fuertes analogías con el cotidiano, el deseo e, incluso, el comentario en torno a la realidad política local, como es el caso de Debajo de la falda de mamá, 2009. En ella, Carmona nos presenta una efectiva alegoría del poder, que funciona en dos escalas. La primera, a partir del discurso de género, donde la figura femenina ¿que desafiante nos muestra que es ella quien lleva la sartén por el mango¿ controla desde su cálido regazo todos los designios, incluido el político. Su falda es contenedora de la segunda alegoría: en ella conviven un gallo de pelea y caprichosos huevos variopintos que responden a los distintos partidos políticos del país. El miriñaque enfatiza la idea de arena de lucha al recordar las vallas de peleas de gallos tan populares en Puerto Rico. El denominado ¿deporte de los caballeros¿ en tierra boricua es utilizado aquí como parábola y sarcasmo en torno a los debates y querellas por el poder político.
Verdades que me fatigan es una muestra compendio de los últimos años de la exuberante producción de Williams Carmona. En ella lo real y lo ilusorio, la historia y el mito, las convenciones y transgresiones se confabulan tejiendo un universo único sólo posible bajo el ala de ese juglar del pincel que es Williams Carmona.

Janet Batet




 


 

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