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Williams Carmona. Los atrevidos son insólitos, Lady Gaga, 2011. Acrílico sobre lienzo. 43 x 55,8 cm. (17 x 22 pulgadas).
 

 
Exposición Individual
Williams Carmona

ArtNexus #84 - Arte en Colombia #130
Mar - May 2012



San Juan, Puerto Rico
Institución:
Obra Galería Alegría

Ingrid María Jimenez Martinez



En días recientes pudo apreciarse en la Obra Galería Alegría del Viejo San Juan una exposición de Williams Carmona, artista cubano radicado en Puerto Rico. Carmona cultiva un dibujo portentoso, andamiaje principal que sostiene un mundo abigarrado en el que yuxtapone fragmentos, citas y apropiaciones de obras de distintos períodos de la historia del arte. Se conjugan con lo anterior figuras y objetos relacionados con la vida personal del artista. Carmona fusiona lo sagrado y lo profano y lo alto y lo bajo delatando una práctica iniciada hace casi cien años por dadaístas y surrealistas. Sin embargo, podemos afirmar que la obra de Williams Carmona no parece ser surrealista si entendemos surrealismo como lo definieron André Breton y los pintores asociados con dicha vanguardia, entre otros aspectos, como un “Automatismo psíquico puro, por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral”1. La selección consciente y la incorporación de fragmentos figuras y objetos tomados de pinturas, principalmente del barroco español, suplantan en su obra el automatismo surrealista. No parece ser el mundo onírico el lugar para el pirateo de imágenes, sino los libros de historia del arte.

Comenta Arnold Hauser en su libro Historia social de la literatura y el arte III que en una conversación entre Sigmund Freud y Salvador Dalí, el psicólogo le dijo al artista: “Lo que me interesa en su arte no es lo inconsciente, sino lo consciente”. Hauser reflexiona sobre el comentario de Freud: “Acaso no quiso decir sino: “Yo no estoy interesado en su paranoia simulada, sino en el método de su simulación”2. Cabría preguntarse si asistimos en el arte de nuestro tiempo, o en la pintura de Carmona, al método de la simulación de la simulación. El proceso artístico sería una estrategia aprendida que recicla fragmentos de la historia del arte acentuando la hibridez y la disolución de la unidad de la obra de arte en el sentido clásico. La pintura de Carmona se insertaría desde esta perspectiva en el arte mainstream definido por Omar Calabrese como neobarroco. Un arte que evoca lo barroco, destacándose un gusto por objetos dispares y nutriéndose de lo extravagante, caótico, teatral e hiperbólico. En obras como La primera cena y Sopa con Botero, las imágenes tienen como fondo un espacio oscuro tenebrista que contrasta agudamente con ellas y les da relieve. Pero, contrario al estilo barroco de muchas pinturas del siglo XVII y XVIII de tono serio y con una pesada atmósfera envolvente de las figuras, la pintura neobarroca como la de Carmona es un contenedor kitsch en el cual ya no se presentan obras acabadas sino fragmentos de otras para obtener materiales desarqueologizados. La imagen en la pintura de Carmona no duplica ni triplica su significación, como tampoco despliega su energía de connotación.

Carmona tipifica y repite formas de la pintura barroca, a saber: las figuras de los cuadros de Velázquez que flotan, el sartén o los huevos que cuelgan. Coloca los objetos y figuras en espacios abiertos, paisajes que hacen reminiscencia de los de Dalí. La estrategia permite ver las imágenes como idénticas y diferentes. Carmona, en lugar de seguir las estrategias del surrealismo como el mecanismo de la condensación que empleó Max Ernst en su famoso cuadro Pietà o revolución por la noche, parece ejemplificar las estrategias del neobarroco como las ha definido Omar Calabrese en su libro La era Neobarroca. Los fragmentos se hacen autónomos del entero, pierden su contexto original. Diferente del collage, en el que se construye un nuevo objeto por la unión de partes, no necesariamente como representación de un todo, la obra como conjunción de fragmentos de otras tiene que ver con la repetición como mecanismo estructural de generación de imágenes. La repetición concierne a la estructura de la obra. El fragmento no puede ser definido estando el entero ausente; su interés reside en su recomposicion dentro de la variedad. La pintura de Williams Carmona ejemplifica el arte de la actualidad y a la vez entraña las claves de una estética que reinstaura mediante la repetición principios desafiados por las vanguardias históricas.



Notas

1. André Breton. Manifiesto surrealista. Primeras vanguardias artísticas. Textos y documentos. Lourdes Cirtlot, ed. Barcelona: Editorial Labor, 1995, p. 125.

2. Arnold Hauser. Historia social de la literatura y el arte III. Madrid: Ediciones Guadarrama, p. 285.

 






 


 

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