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Black and White (Blanco y Negro), 1952. Acrílico sobre lienzo con marco pintado. 172.7 x 172.7 cm (68 x 68 pulgadas).  Colección de Estrellita y Daniel Brodsky.
 


Black and White (Blanco y Negro), 1952. Acrílico sobre lienzo con marco pintado. 172.7 x 172.7 cm (68 x 68 pulgadas).  Colección de Estrellita y Daniel Brodsky.
 


Sin título, 1948. Acrílico sobre lienzo en cartón. 101.6 cm de diámetro (40 pulgadas). Art&Art Collection.
 

 
Exposición
Carmen Herrera
Líneas de visión Whitney Museum of American Art, Nueva York

ArtNexus #103 - Arte en Colombia #149
Dic - Feb 2017




Francine Birbragher



“Líneas de visión” es un título significativo para una exposición que reúne una importante selección de la obra temprana de Carmen Herrera. Nacida en La Habana (Cuba) el 30 de mayo de 1915, estudia arte, historia del arte y arquitectura en La Habana y París. En 1939 contrae matrimonio con Jesse Lowenthal y se traslada a Nueva York, donde toma clases en la Arts Students League. Entre 1948 y 1953, la pareja reside en París, donde la artista se vincula al grupo del Salon des Realités Nouvelles, que promueve el arte abstracto y al cual pertenecen Joseph Albers, Jean Arp y Sonia Delaunay, entre otros. En esa época, Herrera realiza pinturas definidas por formas geométricas y colores planos, que hoy se consideran precursoras del Minimalismo Abstracto.



A su regreso a Nueva York, en 1954, su obra no es bien recibida, no solo porque en ese momento predomina el Expresionismo Abstracto sino además por la discriminación de la que es objeto, por el hecho de ser mujer y de origen latinoamericano. A pesar de ello, continúa pintando y explorando distintas permutaciones de su lenguaje abstracto por más de seis décadas. A mediados de los ochenta comienza a exponer nuevamente, y a partir del 2005 empieza a recibir meritorios reconocimientos por su labor pionera en el desarrollo del arte abstracto, incluido el “Distinguished Artist Award for Lifetime Achievement”, otorgado recientemente por la College Art Association (2016).



Organizada por Dana Miller, hasta hace poco curadora y directora de la colección del Whitney, la exposición “Líneas de visión” presenta una mirada a los inicios de la carrera de Herrera a través de cincuenta obras realizadas entre 1948 y 1978. Durante este periodo, Herrera desarrolla un estilo abstracto caracterizado por formas geométricas de ángulos definidos y una paleta reducida a dos o tres colores vivos en cada composición. Durante estas tres décadas, la artista reduce su obra a lo esencial, es decir, al color y a la forma, un proceso que se aprecia claramente a lo largo de la muestra.



Siguiendo una línea más o menos cronológica, la exposición se divide en tres secciones. La primera, expuesta en dos salas contiguas, “París 1948-c. 1954” y “New York, 1954-1965”, presenta una importante selección de pinturas abstractas realizadas durante la estancia de la artista en Francia e incluye obras icónicas que ilustran distintos aspectos del estilo abstracto que eventualmente caracterizará la obra de la artista. La segunda, “The Blanco y Verde Series, 1959-1971”, presenta nueve obras de esa serie que Herrera considera la más importante de su carrera. La última sección, “Painting, Drawing, and Estructura, 1962-1978,” exhibe obras que no solo ilustran la estrecha relación que existe entre la obra pictórica de Herrera y la arquitectura sino que además muestran cómo muchas de sus piezas bidimensionales tienen un claro referente tridimensional.



Como se indicó anteriormente, la primera sección incluye obras del período formativo, en el que la artista experimenta con distintos modos de abstracción antes de desarrollar su propio lenguaje visual. Los cuadros realizados durante su estadía en París (1948-1953) ilustran un estilo abstracto geométrico en el que dominan las formas de líneas definidas y la reducción de la paleta. Entre ellos se destacan dos telas circulares, Untitled (1948) e Iberic (1949), en las que figuras geométricas resultantes de las intersecciones de líneas curvas y rectas coloreadas en tres tonos (naranja, blanco y negro en la primera; naranja, rojo y negro en la segunda) saturan las obras y anticipan el uso limitado del color. Igualmente se destaca Untitled (1952), una obra en acrílico pintada en blanco y negro, formada por cuatro paneles que sientan un precedente tanto en el uso exclusivo del blanco y el negro como en la utilización del marco pintado como parte de la composición.



Black and White (1952) introduce el cuadrado colgado de forma angular a modo de diamante, lo cual hace que la manera en que se muestra la pintura influya en su composición. Al tratar los bordes de la tela y el bastidor como elementos de composición, las pinturas son interpretadas como objetos que cuelgan en la pared, y no como representaciones de la realidad, como era costumbre en esa época. Por otra parte, el uso intercalado de bandas negras y líneas blancas, y de la combinación opuesta en dos de las cuatro áreas del cuadrado, no solo crea un efecto visual que refleja la tendencia del arte óptico que se desarrollaba en París en esa época, sino que además antecede las obras icónicas de Frank Stella tituladas Black Paintings (1958-1960), las cuales marcaron un hito en el desarrollo del arte abstracto minimalista.



Green and White (1956) presenta el verde como color dominante en una pieza nítidamente compuesta por cuatro ejes blancos que se cruzan formando un cuadrado en su interior. La obra antecede en el uso del verde y el blanco a las piezas que ocupan la siguiente sección, dedicada a la serie Blanco y Verde (1959-1971). En todas las obras expuestas en la sala, salvo en Blanco y Verde (1966), el blanco es el tono dominante. El color verde es utilizado en finos triángulos alargados de trazo delicado que dan forma a composiciones innovadoras de claro corte minimalista. Los nueve cuadros seleccionados ilustran la manera innovadora mediante la cual Herrera concibe sus pinturas como objetos utilizando la estructura física de la tela como herramienta de composición e integrando a la pieza el ambiente que la rodea.

La última sala, quizás la más interesante de todas, incluye una selección que ilustra el carácter experimental de la obra de Herrera. Esculturas que la artista denomina “estructuras”, pinturas y dibujos destacan los fundamentos arquitectónicos de sus composiciones y muestran claramente cómo muchas de sus pinturas parten de un concepto tridimensional.



Es importante destacar el acierto de la curaduría al colocar en el centro de la sala dos piezas tridimensionales, Untitled (1971) y Estructura roja (1966/2012), como punto de partida para establecer un interesante diálogo con las obras que las rodean, incluidos una estructura tridimensional colgada en la pared posterior, titulada Amarillo “Dos” (1971); cuatro cuadros en blanco y rojo (The Way (1970), Epiphany (1971), Red Square (1974) y Red and White (1976), cuyas líneas y volúmenes hacen eco de la pieza central; y dos cuadros en blanco y negro, Ávila (1974) y Escorial (1974), de claro corte arquitectónico.



Para terminar, la muestra presenta la serie completa Días de la semana (1975-78), en la que cada uno de los cuadros representa un día de la semana mediante una composición geométrica en la que contrastan dos o tres planos angulares pintados de negro y otro color (amarillo, naranja, rojo, verde o azul).



La exposición “Líneas de visión” exalta la labor de Carmen Herrera, una mujer visionaria que hoy en día, a los 101 años, continúa trabajando casi a diario, y destaca el valor de una obra pictórica que no solo muestra una gran disciplina sino que además constituye un estudio serio y profundo en lo que respecta a la exploración de la forma y el color, un trabajo que sitúa a la artista a la par de los grandes artistas abstractos del siglo XX.

 






 


 

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