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Leandro Erlich. Sous le ciel. Instalación en Le Bon Marché
 


Leandro Erlich. Sous le ciel. Instalación en Le Bon Marché
 

 
Nota de Arte
Leandro Erlich, Le Bon Marché, París, instalación Sous le ciel (Bajo el cielo)
Del 12 de enero al 18 de febrero de 2018

09/febrero/2018



París, Francia
Christine Frèrot



Por invitación de los emblemáticos almacenes Le Bon Marché Rive Gauche (primer gran almacén parisino desde 1852), y después de las espectaculares instalaciones de otros dos artistas cuyas carreras están también estrechamente relacionadas con la capital francesa, Aï Wei Wei (2016) y Chirahu Shiota (2017), Leandro Erlich (Buenos Aires, 1973) imaginó cinco intervenciones en diversos espacios de los almacenes. El artista argentino no es un desconocido en Francia. Su difusión en el Hexágono ha seguido una curva ascendente desde su primera participación en Toulouse, en 2003, con Eau molle (Agua blanda); seguida por la Nuit Blanche (Noche en blanco) en París, en 2004; en Saint-Nazaire, con La Plaza, en 2005; en el Palais de Tokyo, en 2006; en el Centro Pompidou, en 2011, con Le regard (La Mirada), y, más recientemente, con su Maison fond (Casa derretida), instalación perenne ubicada delante de la Gare du Nord, en París, en 2015, con ocasión de la Nuit Blanche, para no citar más que esas intervenciones.


La propuesta para Le Bon Marché, intitulada Sous le ciel (Bajo el cielo), se compone de varias instalaciones, algunas tan sorprendentes que impresionan por su rigor minimalista (la escalera) o por su poesía (las vidrieras). En efecto, la primera obra toma como objeto de reflexión las famosas escaleras eléctricas situadas en el centro de la tienda, que fueron diseñadas por Andrée Putman en 1990. La segunda intervención es en las dos vidrieras cenitales del siglo XIX que constituyen la cubierta de dos grandes espacios de la tienda. Cuestionamiento a la arquitectura, por un lado, preocupación que inspira desde hace tiempo las obras in situ del artista, y, por otro lado, interrogación sobre el paso del tiempo y los cambios de humor que este sugiere. 


Las barandillas de la escalera eléctrica, retrabajadas por Erlich, se prolongan y se enroscan hasta formar una especie de nudo, y este gesto formal induce la idea de un encadenamiento sin fin como el que puede encontrarse, por ejemplo, en el budismo tibetano o en la cultura celta. Pero el almocárabe de cintas entrecruzadas sugiere igualmente un movimiento continuo, el del infinito. Esta obra, reflexión sobre la estética cinética de las formas, ilusión óptica y al mismo tiempo construcción y deconstrucción de líneas, fascina al espectador como una elipse dual y ambigua pues, al igual que los videos de las vidrieras, hace surgir la idea de un tiempo simultáneamente inmóvil y activo. 


En cuanto a las vidrieras cenitales, sobre cuyos vidrios transparentes se proyectan dos videos de cielos cambiantes, en donde transitan las nubes y, a veces, aves en vuelo, ellas evocan la nostalgia de otro infinito, el de la inestabilidad y la no permanencia de los seres y las cosas.


Leandro Erlich explica: “En lo relativo a la temática de la exposición y a su título, ‘Bajo el cielo’, tienen su origen en mi fascinación por el cielo de una ciudad. Y es que, para mí, cada ciudad mantiene una estrecha relación con ‘su’  cielo, el cual influencia a sus habitantes, así como influye sobre su dinamismo y su ambiente en general. El cielo de una ciudad cambia la percepción que se tiene de ella: un día puede ser nostálgico y propicio para la reflexión, el siguiente será tal vez más alegre […]. Pienso que el cielo de París es diferente al de cualquier otra ciudad. Tengo la impresión de que este tiene un efecto real sobre el humor y la mentalidad de la gente. El cielo de París es un cielo que cambia mucho, a veces incluso a lo largo de un mismo día… Un cielo que me lleva a la reflexión”.


En las vitrinas de la calle de Sèvres, encontramos una colección de nubes, dentro del concepto de las obras ya presentadas en 2012, en la galería Ruth Benzacar de Buenos Aires. Este conjunto complementa y refuerza la cualidad mágica, el desafío a las creencias y a las certidumbres, la dimensión ficcional y soñadora, que habitan y sirven de base a toda la obra de Erlich.


 





 


 

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