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Los cuentos de Pepe Betancourt no llegan al invierno/Acrilico sobre tela
 

 
Exposición Individual
Williams Carmona

ArtNexus #40 - Arte en Colombia #86
May - Jul 2001



Nueva York, NY
Institución:
Galería Praxis

Manuel Álvarez Lezama


Galería Praxis
La obra del pintor cubano, radicado n Puerto Rico desde 1992, ha demostrado
tanto un enorme entusiasmo ante a vida y todos sus milagros como un
terrible dolor ante las contradicciones y as injusticias que marcan cada día de
nuestra existencia. Los rostros que vemos n sus pinturas recientes —ya sean
sus protagonistas de mayor tamaño omo sus diminutos pero mágicos íconos
están enmarcados tanto en la tradición griega de la épica y la tragedia como en las alucinantes telenovelas (o culebrones) que invaden nuestras vidas. Sus topografías —tan desoladas, tan amargas a veces— hacen que entendamos que la vida está hecha de excepciones, y que las verdaderas comuniones ocurren muy pocas veces. Retrato la vida en el precipicio. Aquello que nos ocurre entre el vuelo y la caída. Pinto los pequeños, bellos y brutales versos de nuestro camino, los espejos que nos definen y donde muchas veces no nos reconocemos. Construyo odas y boleros. Me invento el pasado, el presente y el futuro porque el viaje es corto y hay que vivirlo intensamente.
Aunque todavía hay amantes del arte latinoamericano que creen que la obra que Carmona hizo a principios de la década de 1990 —una obra muy poderosa dentro del expresionismo/nueva figuración— es superior a lo que está haciendo en el presente, no hay duda de que en muy poco tiempo este atrevido artista se ha convertido en uno de los pintores más importantes en el campo del nuevo surrealismo latinoamericano. Combinando magistralmente los cánones surrealistas desde El Bosco y Dalí hasta Leonora Carrington, Remedios Varo, e incorporando una provocadora mirada sociopolítica —que combina la picaresca cubana con un profundo conocimiento de la historia del arte en general, y la historia del arte cubano, en particular—, Carmona ha logrado durante los últimos cinco años crear un fascinante universo donde todo es posible, donde todo está permitido, desde caras renacentistas hasta el controvertible niño Elián González, desde Elegguá y otros elementos de la santería cubana hasta una visión crítica del existencialismo postmoderno.
Tanto la reciente exposición de Carmona en la Galería Praxis en Nueva York, titulada Salta pa’arriba y no mires pa’tras, como las obras que presentó en enero de 2001 en Art Miami, han hecho que el público otra vez se dé cuenta de que estamos ante un apasionado surrealista (que vive de veras el surrealismo caribeño), que ha logrado establecer un discurso poderoso, provocativo y atractivo que nos reta inmediatamente a convertirnos en coautores y/o cómplices de lo que ocurre y de lo que no ocurre en cada uno de sus fenomenales escenarios.
No hay duda —y el artista lo reconoce abiertamente— de que en su obra continúan marcadas influencias de los grandes surrealistas —desde Dalí hasta su maestro cubano: Fabelo—, y que no tiene ningún problema ético con la apropiación inteligente de imágenes, lo que hace que este talentoso creador, graduado del prestigioso Instituto Superior del Arte en Cuba, nos haya enseñado lo que es el surrealismo dentro de la globalización. Carmona, a quien veo como un ciudadano de la confusión causada por la postmodernidad –ese monstruo que no admite definiciones–, usa el surrealismo para que comencemos a entender y a abrazar la realidad que nos ha tocado vivir después de la Segunda Guerra Mundial, y sobre todo a fines del siglo XX y principios del XXI, donde la consigna —para bien o para mal— es everything goes.
Combinando su rica imaginación con un complejo proceso de apropiación (“Tengo que revivir esos personajes”, nos dice el artista), Carmona combina las idiosincrasias caribeñas (nuestro eterno carnaval: carnaval de pasiones y de agonías) y el barroco latinaomericano para crear extraordinarios espejos de la contemporaneidad, espejos donde aparecen tanto las pequeñas “ganas” de todos los días como los grandes sueños que nos han hecho sobrevivir y superar los cien años de soledad a los que nos condenamos nosotros mismos.
Williams Carmona es sin lugar a duda un gran cronista de nuestra época, y su obra, vista en conjunto, puede ser “leída” como una gran épica donde la muerte y la inmortalidad se besan sin ningún miedo.
Manuel Alvarez Lezama





 


 

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