Nacido en Cuenca (Ecuador) en 1965, Pablo Cardoso
es actualmente el artista ecuatoriano de mayor
proyección internacional. En 2001, con
motivo la VII Bienal de Cuenca, Cardoso presentó
Geodesia, la instalación pictórica
que inaugura la etapa de sus “travesías”
y a la que el jurado confirió una Mención
de Honor. Aquí ya aparecen algunas constantes
de su obra reciente: el uso de fotografías
desenfocadas –a la manera de las blurred
paintings de Gerhard Richter o Gottfried
Helnwein– como modelo de la pintura, la
idea de la secuencia fotográfica y la elección
del blanco y negro, estrategias que le permiten
cierto distanciamiento analítico del dato
real. Luego vendrán los ciclos 29.IV.02,
18.VI.02 (títulos que remiten a las
fechas en las que el artista realizó dos
caminatas dentro de su ciudad) y Lejos-cerca-lejos
(2004), obras presentadas en las bienales de Gwangju
(Corea del Sur) y Sao Paulo (Brasil). A estas
seguirán las series Coordenadas
(espléndida colección de paisajes
marinos y selváticos), Sábanas,
Abismo-Desierto-Mar (2006) y FF
(2006). Todas ellas tienen en común partir
del registro fotográfico que hace el artista
en sus recorridos o viajes, para luego ser “re-contados”
por medio de lo que Cardoso llama un “pincel
literal”, esto es, un pincel que copia
textual y pacientemente cada foto.
En estas obras, Cardoso desarrolla una secreta
poética de los pasajes, los pasillos, las
carreteras y los andenes, sitios de tránsito
que devienen metáforas de la experiencia
de la fugacidad; lugares susceptibles a las manifestaciones
epifánicas. Cardoso exacerba la melancolía
y el sentimiento de dejà-vu que
envuelven a estos anónimos recintos enrareciéndolos
y opacándolos –deslizando el foco–,
como una forma de resistir a la inocua y estridente
transparencia de los media, a la saturación
visual que propician, a la velocidad de las autopistas
realas y virtuales. Todo lo que procura, ante
la pérdida de sustancia de la vida contemporánea,
es devolver a los seres y las cosas su densidad,
su misterio, su silencio, su lentitud y opacidad
esenciales; de restituirlos a su plenitud óntica.
El trabajo reciente de Cardoso, realizado durante
este año, y que constituye el centro de
su exposición en la galería dpm,
es la trilogía Abismo-Desierto-Mar.
Estamos ante un ciclo de viajes que parten desde
su casa hacia tres puntos cercanos en cuyo trayecto
el paisaje cambia poco a poco hasta transformarse
drásticamente. Estos lugares donde nada
ocurre o nada parece ocurrir, devienen sitios
propicios para que sucedan las revelaciones metafísicas.
En estos paisajes de la otredad –que recuerden
los paisajes desolados y melancólicos de
la pintura romántica– dialogamos
con lo otro: el vacío, la muerte.
Es posible establecer una analogía entre
esta trilogía y el género cinematográfico
del road-movie, donde los personajes
se ven envueltos en una serie de acontecimientos
exteriores. A diferencia de estos films, en las
road-pictures de Cardoso todas las aventuras
son interiores, son los avatares de la mirada
fascinada con las mutaciones del paisaje, con
las mudas de atmósferas y climas, pero
también las tribulaciones de la conciencia
que reflexiona sobre el flujo ininterrumpido de
la vida.
El paso veloz y voraz del tiempo, junto a la necesidad
por capturar su esencia, son quizá los
grandes temas y móviles de este obsesivo
y meticuloso artista.
Texto por Cristóbal Zapata
|
|
Para
ampliar las fotos haga Click sobre las imagenes

Pablo Cardoso,
Abismo, 2006,
Acrílico sobre madera
(una de las 50 piezas que
integran el conjunto)
10 x 15 cm.

Pablo Cardoso,
Mar, 2006,
Acrílico sobre madera
(una de las 50 piezas que
integran el conjunto)
10 x 15 cm.

Pablo Cardoso,
Abismo (fragmento),
2006, Acrílico sobre
madera, 50 piezas de
10 x 15 cm. c/u

Pablo Cardoso,
Desierto (fragmento),
2006, acrílico sobre
madera, 50 piezas de
10 x 15 cm. c/u
|